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P. Rafael

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LA BELLEZA DE LA ETERNIDAD

Hoy celebramos la dedicación de dos de las basílicas más hermosas de Roma. Pero los cristianos no hacemos sólo atracciones turísticas: hacemos cosas bellas que nos recuerden la belleza eterna de Dios.

LA VERDAD, LA BELLEZA Y LA BONDAD

En un mensaje del año 2018,  el Papa Benedicto XVI se dirigía al Pontificio Consejo de la Cultura. Subrayó la íntima conexión entre la verdad, la belleza y la bondad. Es algo que ya habían dicho los Escolásticos de muchos siglos antes.

Decía que la razón (lo verdadero) quedaría disminuida si se le quita la belleza. Nos pasa tantas veces que cuando conseguimos una verdad que nos impresiona mucho, podemos decir ¡Qué verdad tan bonita!.

Y a su vez, decía el Papa Benedicto XVI, “la belleza privada de la razón se reduce a una máscara vacía e ilusoria”. Esto puede sonar demasiado profundo teológicamente (¡y lo es!). Sin embargo, todos tenemos al menos una intuición de todo esto cuando te buscamos y te encontramos, Señor.

La belleza, la razón y la bondad las encontramos todas juntas cuando te encontramos a ti. A través de un rato de oración, en el estudio de las verdades de nuestra fe.  Y esto lo comprendieron muy bien los cristianos desde el inicio de la Iglesia; lo hicieron patente  con el arte y la liturgia. La belleza de la liturgia nos lleva a Dios. La belleza del arte sacro nos lleva a Dios.

REFLEJO DE LA BELLEZA DIVINA

A través de la belleza se puede llegar a Dios, porque lo que apreciamos de bello en el mundo es, en cierto modo, un reflejo de esa belleza divina que contemplaremos a plenitud, si por tu misericordia, Señor, llegamos al cielo para poder verte cara a cara. Ahí se nos caerá la mandíbula ante tu belleza, ante la coherencia de la verdad, ante tu grandeza.

Hasta entonces, tendremos que conformarnos con los adelantos de belleza que nos das acá en la tierra. Y en la fiesta que celebramos hoy, de la dedicación de las Basílicas de San Pedro y San Pablo, podemos aprovechar para agradecerte, Señor, por estos adelantos de belleza en la tierra.

No sé si has tenido la enorme fortuna de visitar estas basílicas en Roma. De todos modos, aunque no sea lo mismo, gracias a la tecnología podemos hacer un viaje virtual. Hay páginas web que te permiten hacer visitas virtuales  de 360 grados desde la comodidad de la casa. Apreciar las magnitudes, las proporciones, los acabados, la paz… Es muy fácil encontrarse con Dios. Ahí es más fácil encontrarse con Dios.

De hecho, si vamos a la etimología de “contemplar”, tiene mucho que ver con los templos. Porque antiguamente los augures determinaban la ubicación de los templos, con alguna observación atenta con alguna señal especial del cielo y posteriormente se designaba al templo como el lugar en el que con más facilidad se podía “contemplar” a la deidad.

PARA ENCONTRARNOS CONTIGO SEÑOR

En otras palabras, en el templo se contempla con más facilidad a Dios. En los templos es más fácil encontrarnos con Dios. Por eso se dice que no son un fin en sí mismos, sino un medio. Nos ayudan como medio y entendemos que si bien te podemos encontrar, Señor,  con mayor facilidad en una iglesia, en una capilla, en un oratorio, en una ermita, no es el único lugar en el que podemos encontrarnos contigo, Señor.

Ahora mismo, haciendo este rato de oración, probablemente estamos trasladándonos hasta algún sitio, o en la tranquilidad de nuestra habitación, alguno estará haciendo un rato de oración escuchando esta meditación en la oficina, por ejemplo, en los más variados lugares.  Y en todos, tenemos la certeza de aquello que hemos dicho al empezar este rato de oración : “Señor, creo que aquí me ves, creo que aquí me oyes. Creo que puedo hacer este rato de oración, creo que tengo una cita contigo Señor”. También en este lugar podemos contemplar a Dios, podemos ser contemplativos en medio del mundo.

En cierto modo, el mundo es también nuestro templo. Pero no es que dé igual el lugar. Por supuesto que es preferible mil veces hacer nuestra oración delante de ti, Señor, presente realmente en el Sagrario, en el recogimiento de una capilla o de una iglesia, pero contamos con la gracia de verte en todo aquello que no sea pecado. Te podemos contemplar si tenemos los ojos de la fe dilatados por el amor. Es en este sentido que podemos decir que el mundo es nuestro templo, porque también allí nos esperas cada día, Señor.

EN MEDIO DEL MUNDO

Te pedimos ayuda para ser verdaderos contemplativos en medio del mundo. Y para esto, que veamos todo lo que tenemos entre manos como un medio (y no un fin en sí mismo). Típico del desorden del pecado original. Lo que debía ser un medio se convierte en un fin para llegar a ti. Llegará un momento en el que lo que debía servir de medio para acercarnos a ti, Señor, no nos hará más falta.

De hecho, en el evangelio del domingo pasado el Señor nos advertía que incluso el Templo de Jerusalén, cuya belleza se podía admirar tan fácilmente, tenía fecha de caducidad. La imagen es muy gráfica porque el Señor nos decía: “No quedará piedra sobre piedra”. Nos atrevemos a decir que también sucederá lo mismo con las Basílicas de san Pedro y san Pablo (por mucho que nos duela), porque en tu venida definitiva, Jesús, no las echaremos de menos.

No las necesitaremos para acercarnos a ti, porque te veremos con una belleza que deja sin brillo todo lo demás. Y así con todo. En esta última semana del tiempo ordinario, nuestra Madre Iglesia nos invita a poner todo en perspectiva. Ante la posibilidad de alcanzar el cielo y de participar en el Reino de Dios para toda la eternidad, ¿cómo empleo las cosas de este mundo? ¿Me doy cuenta de que lo bello, lo bueno, lo atractivo de este mundo pasa y que sólo Dios permanece? ¿Esas cosas buenas y bellas me hacen acordarme de Dios? ¿Uso todo lo que tengo entre manos como medio para llegar a Dios o las cosas terminan siendo para mí un fin en sí mismas que me quitan la paz?

contemplar la belleza de Dios

NO QUEDARNOS EN LAS RAMAS

Estas son preguntas que nos hacen ver, especialmente en esta última semana del tiempo ordinario, si estoy poniendo las cosas en su verdadera perspectiva.

Todo pasa, pero Dios no se muda. Lo bello y lo bueno de este mundo pasarán, pero sólo Dios permanecerá. ¡Qué pena que el desorden del pecado nos ate definitivamente a lo que perecerá, porque pereceremos nosotros también! ¡Qué pena que nuestro corazón vaya detrás de lo que no puede llenarlo, porque no dejaremos espacio a quien sí puede hacerlo! ¡Qué pena estar pegado a la rama y que esto nos impida contemplar la grandeza y la belleza del bosque!

Te pedimos, Señor, que nos ayudes a hacer examen de nuestra vida, para tener la valentía de reordenar nuestras prioridades. No dejarnos confundir por lo efímero, por lo pasajero. Que sepamos ver la belleza de lo pequeño hecho por amor porque así tiene resonancia en la belleza de la eternidad.

Se lo pedimos a nuestra Madre la Santísima Virgen, que nos de esta valentía para reordenar nuestra vida; para no dejarnos atraer por lo que pasa, por lo efímero.  En algunos países de Latinoamérica se celebra justo ahora el mes de María. Acudamos a su intercesión poderosísima, porque al contemplar la belleza de María, nos damos cuenta de la belleza, la bondad y la grandeza de Dios.


Citas Utilizadas

Ap 10, 8-11

Sal 118

Lc 19, 45-48

Reflexiones

Señor, que te encuentre en todo y que sepa poner mi corazón en lo que vale la pena. 

Madre mía, dame la valentía para reordenar mi vida. 

Que vea la belleza, la bondad y la grandeza de Dios.

Predicado por:

P. Rafael

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