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P. Juan

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JUSTICIA Y BIEN COMÚN

¿Que si Jesús paga el impuesto? ¡Claro que sí! Pedro lo tiene muy claro, porque sabe que Jesús vive la justicia, porque sabe también cuánto cariño tiene al Templo de Jerusalén.

CONTEMPLARLOS EN LO COTIDIANO

Es súper fácil imaginarse a san José, a Jesús y a la Virgen María trabajando el día a día. Contentos, intensamente metidos en lo que están haciendo. ¡Es fácil imaginárselo! Además, son escenas cálidas y amables. Dan ganas de estar ahí con ellos.

Entre un montón de aspectos que nos podemos fijar, quizás especialmente éste: san José y Jesús ahí en el taller, y la Virgen también junto a ellos, quizás ella, en otros menesteres. Es fácil imaginárselos trabajando intensamente, amables con la gente que les iba pidiendo cosas, encargos y trabajo.

Es fácil imaginarlo así. Es sencillo y hace todo el sentido del mundo. Es lógico en verdad, ahora que estamos rezando, como intentando acompañar y contemplar a Jesús, a San José y a la Virgen, es fácil verlos. Nos dan un buen ejemplo de cómo hacer bien las cosas. Hacerlas de modo atractivo, de modo virtuoso, de modo inspirador y motivante para los demás.

GANAS DE SER COMO ELLOS

¡Qué ganas de trabajar como ellos! ¡Sonreír como ellos! Tener un ambiente en el taller de trabajo, como el que hay en el taller de José. Qué ganas de que en mi familia, haya ese aire, ese estilo, con una sonrisa, paciencia y cariño, como la que hay entre María, José y Jesús.

Ganas de que en mi casa fuera así, y que en mi taller sea así, pensaría la gente en Nazaret que los iban conociendo. Es fácil pensar en esto e imaginarlo… También ahora contemplarlo un poquito, con la ayuda del Espíritu Santo.

IMPUESTOS JUSTOS

Después, cuando Jesús va creciendo, los que son más amigos y luego, sus discípulos y sus apóstoles, saben como una cosa obvia: que Jesús es trabajador y que es justo. Jesús no rehúye el esfuerzo razonable, el esfuerzo en común. Que Jesús, pagaría los impuestos justos y razonables. Eso les parecía evidente.

De hecho, si uno se fija en el Evangelio del día, lo cuenta san Mateo, y pone en primera plana a Pedro. Cuenta lo siguiente y dice:

“Cuando llegaron a Cafarnaúm, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas, se acercaron a Pedro y le preguntaron: ¿Su maestro paga las dos dracmas?”.

Y Pedro contesta directamente sí, con seguridad. Nosotros también lo diríamos, que Jesús pagaba el impuesto que le dieron. Un impuesto justo. Seguro que lo pagaba. Jesús trabajaba las horas. Jesús cumplía los plazos. ¡Seguro que sí! Pagaba esas dos dracmas, ese impuesto.

Lo que dicen los biblistas, que ese impuesto de las dos era un aporte para el culto, para el templo que no estaba ahí en Cafarnaún, al norte, en la región de Galilea junto al lago de Genesaret. Y muy cerquita de Cafarnaún, está Betsaida, de donde era Pedro. Quizás por eso los recaudadores del impuesto estarían por allá por el norte. Jerusalén y el templo estaban en el sur, en Judea.

RECAUDAR PARA EL TEMPLO

También se recaudaban los aportes de todos los judíos para el templo de Jerusalén. Y quizás los de Cafarnaún le preguntaron a Pedro porque era de ahí mismo, era de la zona. Jesús era de mar adentro, de Nazaret. Quizá los cobradores de ese impuesto no tenían tanta confianza, tanta llegada con Jesús directamente. Quizás por eso van a través de Pedro, porque se daban cuenta de la relación que había entre Pedro y Jesús.

El asunto es que le van a preguntar a Pedro. Y Pedro responde dando la cara por Jesús con toda seguridad. Éste impuesto que se pagaba para aportar y ayudar con cariño al culto de Dios.

En verdad, toda la vida de Jesús era para darse a la gloria del Padre. Cada respiración de Jesús, su vida en el seno de la Santísima Trinidad y su vida aquí ya el Verbo hecho carne, era una entrega total.

EL HIJO DE DIOS

Por eso, lo decía Jesús, no tenía una dracma en su bolsillo que no fuera del Padre: era todo él. Y por decirlo así, un impuesto hacia alguien, hacia Dios.

Pero continua san Mateo:

“Cuando llegó a la casa, Jesús se adelantó a preguntarle a Pedro: Qué te parece Simón: los reyes del mundo, ¿A quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños? Y Pedro contestó: a los extraños. Jesús le dijo: Entonces los hijos están exentos”.

En verdad, todo lo de Jesús, el Hijo del Padre, es del Padre. Jesús no es por si lo deciden los extraños, no es de los de fuera de la casa.

Y sigue diciendo:

“Sin embargo, para no darles mal ejemplo, ve al mar, echa el anzuelo, agarra el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Tómala y págales por mí y por ti”

(Mt 17, 22-27).

Y dicen que esa moneda de plata valía cuatro dracmas. Es decir, las dos dracmas de Jesús y las dos dracmas de Pedro.

Nos puede servir esto de ver a Jesús cómo tiene las cosas muy claras. Tienen los principios muy claros. El deber en estricto sentido de pagar o no pagar el impuesto porque Él era el Hijo de Dios en estricto sentido.

CONSTRUIR EN SOCIEDAD

Ahora, como bien dice el Señor, para no darles mal ejemplo, los manda al mar. A Jesús le importa dar buen ejemplo. Explica las cosas a Pedro, nos la explica a nosotros.

Al Señor le importa mucho dar buen ejemplo. Es muy importante cooperar al bien común, aportar con los impuestos que son justos, con los aportes que son debidos al bien común en la familia. Hacerlo sonriendo y ayudando.

Teniendo paciencia y detalles de cariño para el bien común de la familia, de los amigos, del lugar de trabajo y para el bien común de la sociedad. De mi barrio, de mi ciudad y de mi país. Es bueno e importante esto.

Quizás ahora, haciendo la oración, nos sirve mirar a Jesús y cómo tiene las cosas muy claras. Precisamente porque una de las cosas que tiene muy claro el Señor, es que es importante construir la familia, el barrio, el lugar de trabajo y la sociedad con los demás, especialmente porque es muy importante esto. Vale la pena ser delicados y ser atentos.

ENSEÑAR EL BIEN COMÚN

Jesús prefiere pagarlo recurriendo a esta manera, a ese trabajo que se iba a dar Pedro, de ir a pescar al lago, de picar el pez y sacarlo.

También es justo con Pedro, porque no le pide un trabajo así porque sí, sino que Pedro, con ese trabajito de sacar ese pescado, era una cosa sencilla, pero también Pedro tenía que pagar su impuesto.

Seguro que el Señor quizás nos quiere ayudar con alguna idea, con algún propósito. Hoy día es una cosa buenísima ver al Señor como un ciudadano responsable, presente, activo y participante.

Esto nos sirve mucho, ya que los cristianos tenemos que ser así, con una mentalidad muy limpia, muy de justicia, de amar al mundo, a la sociedad y de construir con los demás. Con pasión, con gusto y con ilusión.

Contemplamos a Jesús, vemos cómo le enseña a Pedro, cómo nos enseña a todos nosotros.

VIVIR LA JUSTICIA

Podemos terminar pidiéndole al Señor: ayúdame a ver bien, a ver cuándo y con prudencia para poder vivir la justicia. A veces no es tan fácil. Para eso hay que leer. Para eso hay que formarse con el catecismo. Es bueno conocer un poquito más de la Doctrina Social de la Iglesia y estar informado. Saber de la actualidad, de política y de economía, de cultura y de arte.

Pidamos al Señor, contemplándole a Él, pero también pidiéndoselo para nosotros. Y de nuevo podemos acudir al cariño, a la intercesión de la Virgen y de san José.


Citas Utilizadas

Dt 10, 12-22

Sal 147

Mt 17, 22-27

Reflexiones

Jesús ayúdame a abrir mi corazón a la justicia: vivir Tu ejemplo en un mundo lleno de corrupción.

Predicado por:

P. Juan

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