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P. Santiago

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¿QUIÉN ES MI MADRE Y QUIÉNES SON MIS HERMANOS?

Estos son Mi Madre y Mis hermanos. El que haga la voluntad de Mi Padre, que está en los Cielos, ese es Mi hermano y Mi hermana y Mi Madre.

            “Estaba Jesús hablando a la gente, cuando Su Madre y Sus hermanos se presentaron fuera, tratando de hablar con Él.  Uno se lo avisó: “Tu Madre y Tus hermanos están afuera y quieren hablar Contigo”.  Pero Él contestó al que le avisaba: “¿Quién es Mi Madre y quiénes son mis hermanos?”

(Mc 3, 31-33).

Me quiero detener aquí, en esta pregunta -que es muy importante- porque a Jesús lo escuchan todos los que están ahí presentes.

“¿Quién es Mi Madre y quiénes son Mis hermanos?”

Y, seguramente, Tú Jesús, habrás hecho una pausa y habrás recorrido con Tu mirada a todas las personas que estaban ahí.

No sé si Tu Madre, santa María y alguno de los apóstoles -que estaría con ella- te habrán visto y te habrán escuchado y no sé si la Virgen se habrá sentido un poquito como desplantada: “Bueno, aquí estoy yo, quiero verte, quiero estar cerca de Ti y Tú me haces un desplante…”

No creo que ese haya sido el sentido de esta pregunta.  Es una pregunta que nos interpela a cada uno de nosotros, a ti y a mí y que nos va a servir para hacer este rato de oración.

LOS JÓVENES

jóvenes

Recuerdo una sesión, en la que el expositor preguntaba al auditorio cómo eran los jóvenes ahora.  Claro, cuando uno hace una pregunta tan general a un público muy variopinto y diverso, se escucha todo tipo de respuestas y es fácil siempre empezar por las cosas -digamos- no tan buenas, por los defectos, por las falencias…

Entonces, me acuerdo de que fue escribiendo en un tablero las cosas no tan buenas.  No sé si habló del relativismo, si habló de las pantallas, el tiempo que se le dedica a internet, a Youtube, las series de televisión…

Si hablaba de los jóvenes como personas muy solas que experimentan la soledad, si habló también de la falta de estructura de la familia; familias con pocos hijos o quizá con un solo hijo, hijos únicos.

Salió el tema de falta por ejemplo de ideales, hijos sobreprotegidos, caprichosos… en fin, cosas que pueden ser verdad y que el expositor fue enumerando.

Solo hubo un par de asistentes que dijeron: “no, no, no, los jóvenes son buenos y tienen cosas muy buenas”.  ¿Qué pasa? Que este ejercicio, el expositor lo previó así.  Él sabía que se iban a enumerar unas cosas no tan buenas y otras cosas buenas -pocas- pero también se iban a decir y se iban a tener en cuenta.

Entonces, empezó a anotar cosas buenas y empezó a hablar de las cosas buenas que tienen los jóvenes: son más autónomos, tienen un conocimiento propio más amplio y también un conocimiento de muchísimas cosas.

Conocimientos varios y amplios, son auténticos (esta característica me encantó de los jóvenes), valoran la justicia, son más emotivos y sensibles; son afectuosos, les gusta la ecología -son ecologistas-, globalizados, les gusta el voluntariado, se sienten más libres, son más libres…

En fin, una serie de cosas maravillosas.  Y siguió su exposición y siguió hablando del tema, pero yo me quedé con esa idea: ¿Quiénes son los jóvenes? Son buenos, no tan buenos, qué les falta, qué característica tienen que los marcan o los diferencian de los demás.

Este pasaje del Evangelio a mí me parece extraordinario, porque nos lleva a preguntarnos: “Señor, ¿cómo nos miras Tú? ¿Cómo miras Tú a la gente?”

HIJOS DE DIOS

jóvenes

Si le pudiéramos preguntar a Jesús: “Oye Jesús, para Ti ¿cómo son los jóvenes ahora? ¿Cómo son los hijos tuyos de esta región, de este país, de esta cultura, de este movimiento religioso, de esa institución de la Iglesia?”  Y el Señor mira a todos como lo que somos: hijos Suyos; a todos, jóvenes y viejos.

La mirada de Jesús es limpia, sin prejuicios, sin etiquetas, sin catalogar, sin separar los buenos de los… ¡qué sé yo! No hay personas malas.  Todos somos buenos.

Hay algunos que, quizá, no han tenido muy buena formación y que no saben por dónde es el camino recto.  Hay que acompañarlos y mostrarles por dónde se puede ir en una línea más recta hacia Dios, hacia el camino de Dios.  Pero no hay personas malas.

Hay una cosa muy bonita: si pensamos en una característica, por ejemplo: la belleza personal, la belleza de la persona.  No digo la belleza exterior, sino la belleza interior.  ¿Cuál es la característica de la belleza interior? ¿Cómo podemos descubrir una persona hermosa interiormente? La belleza interior de una persona.

Los santos que han pisado esta tierra, las personas que han podido conocerlos, han descubierto en ellos una belleza interior única, auténtica, novedosísima que se alcanza casi a tocar.

“Señor, yo me hago esa pregunta: ¿En dónde está la belleza de las criaturas humanas? Y la respuesta (creería yo): en que cumplen la voluntad de Dios”.

BELLEZA INTERIOR

Las criaturas que saben cumplir la voluntad de Dios son personas hermosas interiormente y aquí volvemos a conectar con el Evangelio porque Jesús hace esa pregunta:

“¿Quién es Mi Madre y quiénes son Mis hermanos?”

Y, extendiendo Su mano hacia Sus discípulos dijo:

“Estos son Mi Madre y Mis hermanos, el que haga la voluntad de Mi Padre que está en los Cielos, ese es Mi hermano y Mi hermana y Mi Madre”

(Mc 3, 34-35).

La voluntad de Dios y para eso vino Jesús.

Me dio por buscar pasajes evangélicos o pasajes de la Sagrada Escritura, en donde se nos diga muy claramente que Jesús vino a eso: a cumplir la voluntad de Dios.

Por ejemplo, aquí tengo uno de san Mateo:

“No todo el que dice Señor, Señor entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de Mi Padre que está en los Cielos”

(Mt 7, 21).

En san Juan hay dos pasajes breves, pero que nos ayudan a entender la tarea de Jesús:

“Jesús les dijo: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y acabar Su obra»”

(Jn 4, 34).

Eso lo dice en el capítulo cuatro.  Y por ahí en el capítulo seis dice:

“Porque he bajado del Cielo no para hacer Mi voluntad, sino la voluntad de Aquel que me ha enviado”

(Jn 6, 38).

VOLUNTAD DE DIOS

“Señor, nosotros queremos ser Tus hermanos, Tus amigos, porque cumplimos Tu santísima voluntad.  Queremos que esa sea nuestra característica principal: ¿Cómo era fulanito? Procuraba cumplir la voluntad de Dios, indagaba cuál era la voluntad de Dios, se la preguntaba en su oración personal, en su vida interior”.

Y el que tú y yo nos portemos como Dios quiere, dependen muchísimas cosas grandes en este mundo.

“Señor, por eso qué bueno que muchas veces, antes de actuar, pensemos: ¿Tú lo quieres? Pues yo también lo quiero”.

El santo Evangelio nos facilita el camino para entender el ejemplo de nuestra Madre María.  Se dice lo siguiente:

“Ella conservaba todas estas cosas dentro de sí, ponderándolas en su corazón”

(Lc 2, 19).

Vamos a acudir a nuestra Madre, vamos a imitarla tratando, con el Señor -contigo Jesús- en un diálogo enamorado, de todo lo que nos pasa hasta de los acontecimientos más menudos y no olvidemos que hemos de pensarlos, valorarlos, verlos con ojos de fe para descubrir la voluntad de Dios.

Madre de Dios, Madre nuestra, ruega por nosotros; queremos ser hijos buenos de Jesús y de María santísima.


Citas Utilizadas

Ex 14, 21-15, 1

Ex 15, 8-17

Mt 12, 46-50

Mc 3, 31-35

Mt 7, 21

Jn 4, 34

Jn 6, 38

Lc 2, 19

Reflexiones

Señor, ¿Tú lo quieres? Yo también lo quiero.

Predicado por:

P. Santiago

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  1. Saray Morales de Franco dice:

    La manera como el sacerdote va desarrollando la idea principal, que consiste en que lo único importante para todo ser humano es hacer la Voluntad de Dios, lleva de modo muy claro y directo a entender que la pregunta de Jesús sobre quién es su Madre y quiénes sus hermanos, lejos de ser un desplante para María Santísima, es, por el contrario, lo más elogioso que se puede afirmar de Ella. Porque, quién como Ella hizo SIEMPRE, DE MANERA PERFECTA, LA VOLUNTAD DE DIOS?

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