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P. Josemaría

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8 min

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LA GRAN EXPERIENCIA

Más allá de la experiencia de cada una de las obras de misericordia que puedas hacer en esta Cuaresma, lo interesante es que tú tengas una experiencia que está por encima de todas: tu propia experiencia de amistad con Jesús.

Estamos a punto de comenzar la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza.  Volverás a vivir la invitación de la Iglesia a las obras de misericordia.

Me viene a la memoria lo que hizo Andrés hace unos días para festejar su cumpleaños 18.  Invitó a la clásica reunión de amigos en su casa, pero más temprano que de costumbre, a las 5:30pm, porque parte de la celebración, quería hacerla con los niños pobres de su ciudad.

Fueron llegando los amigos y rápidamente se armó la clásica producción en serie de sándwiches: uno la mostaza, otro la mayonesa, el que sigue coloca el jamón… Y así, juntaron varias bolsas, luego se fueron a repartirlas al centro de la ciudad.  Si vieras la cara de felicidad de los niños…

Me contó Andrés que había sido el mejor cumpleaños de su vida… no era para menos.

OBRAS DE MISERICORDIA

Yo te animo a vivir esta experiencia de llevar a tus amigos en esta Cuaresma a visitar enfermos, gente sin techo, a estar un rato con los migrantes, porque de eso se trata la Cuaresma.

Incluso, el famoso pescado de Cuaresma tenía el propósito de que los cristianos comieran lo que comían los pobres (porque antes el pescado era el alimento de los pobres).

Sin embargo, más allá de esta experiencia de cada una de las obras de misericordia que puedas hacer, lo interesante es que tú tengas una experiencia que está por encima de todas las experiencias.  Me refiero a tu propia experiencia de amistad con Jesús.

CHRISTUS VIVIT

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El Papa Francisco en uno de los números más bonitos de esa carta Christus Vivit que hace a los jóvenes, escribe:

“Si alcanzas a valorar con el corazón la belleza de este anuncio”

(el anuncio del amor de Dios; la salvación que Dios nos ofrece)

“y te dejas encontrar por el Señor y te dejas amar y salvar por Él, si entras en amistad con Él y empiezas a conversar con Cristo vivo sobre las cosas concretas de tu vida, esa será la gran experiencia; esa será la experiencia fundamental que sostendrá tu vida cristiana”.

Termina diciendo el Papa:

“Esa es también la experiencia que podrás comunicar a otros jóvenes”

(Papa Francisco, Christus Vivit, 2019).

LA AMISTAD CON JESÚS

La experiencia fundamental que sostendrá tu vida cristiana es la amistad con Jesús.  Es el fundamento del edificio de tu vida y si el edificio no se cae cuando hay un temblor, es porque tiene un fundamento sólido y este fundamento es la amistad con Jesús.

Por eso, “¿cuánto nos ayuda ponernos delante de Ti Jesús con todos los deseos de plenitud que tenemos, como lo hizo aquel joven del que habla el Evangelio de hoy?”

“Cuando salían para ponerse en camino, vino uno corriendo y, arrodillado ante Él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?»”

La vida eterna es el Cielo, la plenitud, la felicidad aquí en la tierra y luego en la vida eterna.

¿QUÉ TENGO QUE HACER PARA SER FELIZ?

En el fondo, el muchacho está preguntando lo que todos, en algún momento, nos preguntamos: ¿Qué tengo que hacer para ser feliz? ¡Imagínate que tú pudieras preguntarle eso a Jesús!

“Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino solo Dios»”.

Le hace reflexionar como diciéndole: “¿Te das cuenta lo que me estás preguntando?” Y nos hace pensar también a nosotros que vamos por la vida a toda velocidad.

¿ESTAMOS DISPUESTOS?

Aprovechar estos ratos de oración para pensar, por ejemplo, en esta Cuaresma, ¿estás dispuesto a cambiar de vida? ¿A cambiar esas formas que tienes de hacer? ¿A dejar, por ejemplo, todas esas frivolidades? ¿Estás dispuesto?

“Jesús le responde: «Ya conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no dirás falso testimonio, no defraudarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre».

 Y el joven contesta: «Maestro, todo esto lo he guardado desde mi adolescencia»”.

“CUMPLIR COSAS”

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Aquí se nos cuela esa mentalidad nuestra, como si nuestra relación con Dios fuera, en el fondo, cumplir cosas.  Como si la vida cristiana fuera hacer cosas.

“Ahora viene la Cuaresma y entonces lo que tengo que hacer es ayuno y abstinencia y obras de misericordia”.

Pues sí, pero no es cuestión solo de hacer cosas, sino que Jesús, a lo que te invita, es a una relación personal.  A que todas esas cosas que haces te hagan, que no se queden fuera, sino transformen tu corazón.

JESÚS SE ENTERNECE

“El joven contestó: «Maestro, todo esto lo he guardado desde mi adolescencia.» Y Jesús, fijando en él su mirada, le amó”

(Mt 10, 17-21).

Jesús lo miró con amor, porque a Jesús le enternece ver un corazón que quiere el bien; porque a Jesús le enternece ver nuestros esfuerzos por hacer el bien, por portarnos bien.

Él ya sabe que no se trata de hacer cosas y tú y yo también lo sabemos, pero es que también los hombres funcionamos haciendo cosas, proponiéndonos cosas y poniendo de nuestra parte.

SER AMIGOS DE JESÚS

Todos esos sacrificios, todas esas prácticas de piedad que te sueles proponer en la Cuaresma, no está mal, pero en el fondo nos está invitando a algo más, a una relación personal de amistad, como diciéndonos: “Yo no quiero que hagas cosas, Yo lo que quiero es que seamos amigos” O “con eso que haces, que de verdad nos hagamos buenos amigos”.

Eso es mucho más exigente, porque el riesgo es convertir la vida cristiana en una serie de cosas que tengo que hacer y, cuando ya las hice, como que “ya me puedo dedicar a mis cosas, ya tengo mi tiempo libre”.

Ya que estamos meditando sobre esto, vamos a pedirle a María que nos ayude a hacernos amigos de su Hijo Jesús.

EDUCAR NUESTRO AFECTO

También hay otra tentación que podemos tener, que sería decir: si yo ayuno, si yo rezo, si ayudo a los necesitados, tendría que sentirme bien conmigo mismo.  Y ¿Qué pasa si no me siento del todo bien? Porque si yo hago lo que debo, tendría que estar sintiéndome bien.

En parte es verdad, porque no basta con hacer el bien, sino que hay que hacer el bien cuando hago lo que me gusta, porque las virtudes tienen esa fuerza, ese poder de educar nuestro afecto, nuestro corazón, como se educa el paladar para un buen vino.

“PALADAR DE GANSITO”

Pero ¿qué pasa si tengo paladar de gansito? (no tengo nada en contra de los gansitos) Pero ¿qué pasa si yo todavía estoy en ese proceso de hacerme virtuoso y todavía me gusta más lo “chafa” que lo bueno?

Pues habrá que hacer cosas buenas, pero que no me hacen sentir así que digas: ¡Qué bruto! ¡Qué bien me siento! Y se nos olvida de que hay que contar con el tiempo, que no siempre las cosas buenas me reportan un beneficio así inmediato.

Y si esto no lo tengo claro, entonces está ya el desconcierto o corro el riesgo de reducir mi vida cristiana a sentirme bien conmigo mismo.

LA TRAMPA DE IDENTIFICARNOS CON NUESTRAS EMOCIONES

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Es un riesgo en el mundo en el que vivimos.  Tú pones “bienestar” en Google y te aparecen cerca de mil millones de resultados en 0.60 segundos… y muchos de ellos tienen que ver con religión.

Tú pones bienestar y te sale: religión, yoga, esoterismo… como si fueran lo mismo.  Vivimos en un mundo en el que la religión forma parte del bienestar y entonces yo rezo para sentirme bien y al revés, yo solo rezo cuando estoy bien.

Y caigo en esa trampa de identificarme con mis emociones y, si no me dan ganas de rezar, entonces es que en realidad yo no quiero a Jesús.  Porque si yo no tengo ganas de rezar y rezo, sería un hipócrita.

Pensamos equivocadamente, por ejemplo, que si yo voy a misa y no “siento nada”, es señal de que en realidad eso no me llena y entonces yo tendría que dejar de ir a misa; ese es un gran error.

JESÚS NO QUERÍA IR A MISA

Me encanta (ya te lo he platicado en otras ocasiones) decirles a los niños que Jesús tampoco quería ir a misa, porque la misa es la Cruz y lo dice en el Huerto de los Olivos: “Padre, no puedo”, pero al final se rinde, porque si Jesús no le gustaba ir a la Cruz, le gustaba algo que estaba por encima de eso, era hacer la voluntad del Padre.

Que no se nos olvide que el dolor es muchas veces el sello de garantía del amor, porque si no fuera así, imagina el día en que no te dieran ganas de cuidar a tus hijos, ¿qué vas a hacer? Vas a pensar que ya no los quieres.

¡Claro que no! Simplemente, significa que estás un poquito cansada y ya está.

EDUCAR EL AFECTO

Una cosa son las emociones que tenemos (yo no digo que no estemos en ese proceso).  Ir también educando el afecto para sentirnos bien con las cosas buenas que hacemos.

Pero es que un día me puedo levantar mal y eso no quiere decir que odie al mundo entero, simplemente que me levanté de malas (y bienvenido al mundo de los que nos levantamos de malas), pero verás que se lo ofreces a Dios y, si te duele la cabeza, te tomas un par de aspirinas y ya verás que, al final, estarás contento.

IR MÁS A FONDO

Vamos a terminar pidiéndole a María que nos ayude a ir un poquito más a fondo: ¿Por qué a veces no me dan ganas de rezar? ¿Por qué se me olvida rezar? ¿Por qué no he vuelto a misa presencial? ¿Por qué la misa no me dice nada?

Es ir un poquito más al fondo y decir: en el fondo de mi corazón, a pesar de estar en un proceso en que mi sentimiento no me dice nada, me levanto y voy a misa, porque sé que hay algo que me gusta por encima de todos los gustos que es: agradar a Dios.

Y, entonces, ¡sí que le quieres!


Citas Utilizadas

1Pe 1, 3-9

Sal 110

Mc 10, 17-27

Papa Francisco, Christus vivit

Reflexiones

Jesús, que esté dispuesto a cambiar de vida, a cambiar esas formas que tengo de hacer, a dejar todas esas frivolidades.

Predicado por:

P. Josemaría

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