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P. Federico

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LA ESPERANZA DEL PUBLICANO

La esperanza de Mateo es nuestra esperanza. Que la escena, de su encuentro con Jesús, sea la escena de nuestra Cuaresma; una que traiga cambios en nosotros y ese encuentro personal con el Señor.

La escena se ha comentado ya varias veces en estos 10 minutos con Jesús.  Hasta grandes obras de arte nos han ayudado, como aquella de Caravaggio. Hoy, por eso, pensaba más bien compartirte lo que dice un autor que a mí, en lo personal, me gusta mucho.  En todo caso, iré comentando alguna cosa por aquí y otra por allá.

Nos metemos en la escena, sobretodo en el personaje: Leví o Mateo, los dos nombres le pertenecen.  Resulta que Leví, no tiene la conciencia tranquila, no duerme bien, no encuentra la paz.  Esa paz que todos deseamos, pero no siempre encontramos.

ACERCARNOS A DIOS

Así se levanta un día cualquiera, uno de esos tantos días a los que ya está acostumbrado, pero de los que también ya está cansado…

            “¡Si pudiera comenzar de nuevo y volver a acercarse a Dios! Mientras se lavaba y vestía, pensaba en su vida pasada, en sus riquezas, en su profesión, en el pueblo que le odiaba… ojalá su vida fuera como la de los pescadores (por ejemplo): una barca, una red, el mar…

            Procuraba mantener una cierta apariencia de paz para no inquietar a Alfeo, su padre, pero su alma era una auténtica tormenta de tristeza, asco y odio”.

            Es cierto que,

“en los últimos meses llegaron a su oficina rumores de la aparición de un Profeta: Jesús de Nazaret, cuya fama se extendió por toda Siria; y le traían a todos los que se sentían mal, aquejados de diversas enfermedades y dolores, a los endemoniados, lunáticos y paralíticos y los curaba.  Y le seguían grandes multitudes de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y del otro lado del Jordán. (Mt 4, 24)

BUSCAR EL TIEMPO

   Desde que oyó estos rumores, le entró la curiosidad por conocer a este nuevo Rabbi.  Pero él, Leví, el jefe de los publicanos, estaba demasiado ocupado en su oficina y no disponía de tiempo para oír sermones. 

            Bastante trabajo tenía con organizar a los recaudadores de impuestos de Cafarnaúm e ir a las casas con un pelotón de soldados animando (por decirlo delicadamente, aunque él bien sabía que no provocaba ninguna cara de ánimo en nadie) animando a los ciudadanos a satisfacer sus deudas con Roma”.

            Mucho trabajo.  No tenía tiempo… como nosotros pensamos muchas veces.  Y, sin embargo, siempre podemos hacer tiempo para lo que nos interesa.  Es más, la Iglesia nos “hace el tiempo” como ahora, Cuaresma:  Tiempo para ir al encuentro de ese Jesús de Nazaret y dejar que nos cambie la vida…

¿CUÁNTO TIEMPO LE DEDICO A JESÚS?

¿Quién es Jesús para ti cuando no le dedicas tiempo…? ¿Quién es Jesús para Leví cuando no le dedica tiempo…?  Leví sabe que

“se comenta que los fariseos y doctores de la Ley no ven con muy buenos ojos a ese Jesús de Nazaret, que se rodea de gente humilde, de niños y de enfermos”.

            “Parece ser, que echaba en cara a los fariseos su hipocresía y la dureza de su corazón.  Mateo no ocultó su satisfacción al saber que por fin alguien les decía las cosas claras a esos engreídos fariseos”.

            Pero había algo todavía más intrigante:

“Le contaron que, en más de una ocasión, antes de curar a un enfermo, le decía: tus pecados te son perdonados.  A Mateo le pesaba su conciencia como una losa de mármol.  ¡Si pudiera comenzar de nuevo!”.

¡AHORA! ¡HOY!

agradecidos siempre

Pero siempre pensaba que no era el momento.  Como nosotros muchas veces: mañana, después, no estoy listo, es que no sé qué hacer…. Ahora, ya, en este sábado después de ceniza, en esta Cuaresma.  ¡Sí! La Cuaresma del 2021 que puede ser, ¿por qué no?, la mejor Cuaresma de tu vida.

Aceptémoslo, nos cuesta creérnoslo, sobretodo porque los días nos parecen tan iguales, sean Cuaresma o no… así, un día más,

“salió de casa después de comer algo y se dirigió al telonio para cobrar los impuestos.  Hacía tiempo que pensaba que su vida no valía nada ni a los ojos de los hombres ni a los ojos de Dios.

            Sus compatriotas le miraban como a un perro y le trataban con el desprecio con el que los de su raza tratan a los cerdos.  Sólo el dinero que poseía -que no era poco- le permitía llevar una vida con cierta dignidad”.

TAN POBRE QUE SÓLO TIENE DINERO

Pero lo tenía bien experimentado: el dinero sabe a poco cuando se es tan pobre que lo único que se tiene es dinero…

            “A pesar de todo, en su corazón entraba aún, un rayo de esperanza.  De vez en cuando rezaba e imploraba de Dios, misericordia”.  Es más, “conocía de memoria el salmo 50.  Aquella vieja oración enviaba un poco de aire fresco a su corazón atormentado.

            Quizás -se decía a sí mismo- Dios algún día me abra la puerta de su Misericordia y rezaba: Ten piedad de mí, oh Dios, según la grandeza de Tu misericordia (…) y límpiame de mi pecado (Salmo 50).”

            Así rezaba Mateo y resulta que,

“a la hora tercia, Mateo está ya sentado en el banco de los recaudadores.  De mala gana la gente espera con sus bolsas de dinero.  Mateo anota sus nombres a medida que pagan sus impuestos: Ismael, Jacob, Isaac, Enán…. Ellos ni si quiera le miran a la cara.  Leví recoge el dinero que poco a poco se amontona en la mesa.

LA MIRADA AMOROSA DE JESÚS

Pero, de repente,

“el oído del recaudador percibe a lo lejos los pasos y las voces de un grupo numeroso que se acerca.  Se hace el silencio en su oficina.  Todos miran hacia la puerta.  Mateo presiente algo (los nervios le traicionan).  Se equivoca en sus cuentas y se confunde con sus monedas.

            ¡El Profeta, Jesús de Nazaret! Mateo levanta los ojos y se encuentra con los limpios ojos de Cristo. Jesús le mira fijamente”.

Nunca nadie lo ha mirado con tanto cariño…

            “»Y le dijo: Sígueme.»  Desconcertado, Mateo mira a su alrededor, buscando quizás a alguien a quien Jesús esté llamando.  ¡Pero no!, ¡es a él a quien llama el Maestro!

            Echándose hacia atrás y señalándose a sí mismo pregunta: ¿Es a mí? ¿Sabes quién soy? ¡Soy Mateo, el jefe de publicanos! ¡Soy un pecador!

            Y Jesús, con más fuerza que antes le dice: ¡¡Sígueme!! Y, entonces, levantándose dejó todas sus cosas y le siguió”.

JESÚS SIGUE PASANDO Y TE VOLTEA A VER

Esta puede ser la escena de tu Cuaresma y de la mía.  Jesús sigue pasando, nosotros seguimos en lo nuestro.  A veces, nos debatimos interiormente, no terminamos de decidirnos; no terminamos de querer cortar con lo que no va, con lo que nos aleja de Él o nos impide ir hacia Él.

Pero Jesús sigue pasando y te voltea a ver y te mira como nunca nadie te ha mirado antes, con ese cariño que llega hasta el fondo del alma y que te susurra: “Tú sólo, no puedes; conmigo, sí, ¡sígueme!”

            “Señor, que sepa vencer mi poltronería, mi comodidad, mi pereza, mis miserias.  Que deje lo que me impida acercarme a Ti.  Que venza la vergüenza y, al instante -dejando todas las cosas- sin esperar a mañana, me levante y, como Mateo, sin dudarlo, vaya en pos de Ti”.

(Josep María Torras, Acercarse a Jesús. Cuaresma.  Semana Santa)

            Especialmente en estos días.  Santa María, Madre mía, tú que conociste a Mateo, que te alegraste con su conversión, con su vocación, consigue lo mismo para mí en esta Cuaresma.


Citas Utilizadas

Is 58, 9b – 14

Sal 85

Lc 5, 27-32

Josep María Torras, Acercarse a Jesús.  Cuaresma – Semana Santa

Reflexiones

Señor, que sepa vencer mi comodidad, mi pereza, mis miserias.  Que deje lo que me impida acercarme a Ti.  Que venza la vergüenza y me levante y, sin dudarlo, vaya en pos de Ti.

Predicado por:

P. Federico

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  1. ANA MILENA ROMERO ANAYA dice:

    Dios le bendiga y continue enviando la luz de su Espiritu Padre Federico para que pueda continuar compartiendo con todos tan bellas, maravillosas y transformadoras meditaciones en en 10 min.

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