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P. Federico

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EMAÚS ES CAMINO DE ESPERANZA

El mismo día de la Resurrección dos de ellos van camino de Emaús. Camino de su pequeño mundo. Camino de tristeza. Jesús se acerca a nosotros porque quiere sacarnos de nuestro encierro interior, quiere nuestra conversión de la tristeza a la alegría. Nos busca, haciendo horas extra, no tiene miedo de cansarse. Dejemos que nos aplique la terapia de la esperanza.

CAMINO A EMAÚS

Seguimos en aquel primer día de la semana en que resucitó el Señor.

“El mismo día dos de ellos iban a una aldea llamada Emaús, que distaba de Jerusalén sesenta estadios, y conversaban entre sí de todo lo que había acontecido”

(Lc 24, 13-14).

“Todo nos parece empapado de tristeza. Caminamos los dos mirando al suelo, silenciosos. Doce kilómetros separan Jerusalén de nuestra pequeña aldea de Emaús. Domingo de pascua. Es primavera, atardece. El camino me parece monótono y aburrido. Cada paso que doy me aleja más de Ti. La cabeza la tengo llena de recuerdos, pero el ideal que sembraste en mi corazón se esfuma en mil y un pensamientos dolorosos.

La Buena Nueva que oí de tus labios es ahora un árbol seco en medio de la arena del desierto. Es como si todo hubiera sido un sueño de juventud. Queda muy lejano el día en que tus palabras encendían mis entrañas y tus milagros fortalecían mi fe.

Todo fue un espejismo, una visión maravillosa pero irreal. En un día -el Viernes- todo esto se derrumbó. Muerto y enterrado Jesús, ya nada tenía sentido. ¿Para qué seguir en Jerusalén? Lo más razonable era volver. Camino de Emaús. Camino de mi pequeño mundo. Camino de tristeza” (Acercarse a Jesús Tiempo de Pascua, Josep Maria Torras).

Estos hombres van desanimados, regresan tristes, derrotados, de mal humor. Ese mal humor que te hace estar molesto por todo y a punto de explotar… Es más, dice el Evangelio que:

“Iban discutiendo por el camino”

(Lc 24, 17).

O sea: ni siquiera van hablando; se nota que las cosas no están bien en el interior de estos hombres.

LA TRISTEZA ES DURA

¡La tristeza es dura! Le iban dando vueltas a lo que había pasado y con cada vuelta que le daban en su cabeza la tristeza iba aumentando…

“Que mal se está cuando se está lejos de Dios”,

como le dijo san Juan Pablo II a aquel hombre que llevaba años sin confesarse, y aquella frase le bastó…

Pero estos hombres se van alejando, con cada paso que dan, un poco más de Dios. Sabemos el nombre de uno: Cleofás; del otro no, bien podríamos ser tú o yo: “Que mal se está cuando se está lejos de Dios” …

Han tirado la toalla o al menos han perdido la ilusión a pesar de los rumores; porque algo han dicho las mujeres, algo les ha llegado de noticia, pero estos hombres ya no están para novedades y ya no están para noticias. No porque no quisieran a Jesús (lo querían bastante) pero le querían al modo humano.

Eran parte del grupo de sus discípulos. ¡Gente que había palpado cosas grandes! Pero resulta que ahora, después de los acontecimientos del viernes santo a estos se les ha derrumbado el mundo. Antes confiaban, antes creían, antes tenían esperanza…

Un poco como a estos hombres nos puede pasar que nosotros vamos por allí arrastrando los pies. Tenemos pesares, tristezas, miedos, decepciones…

“Conversaban entre sí de todo lo que había acontecido. Y sucedió que, mientras comentaban y discutían, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos”

(Lc 24, 13-14).

CRISTO NOS SALE AL ENCUENTRO

Jesús no es indiferente, sale al encuentro. Lo hace para llevarlos de su tristeza a la alegría.

Benedicto XVI dice que esta es la obra de Jesús resucitado: la “conversión de la tristeza a la alegría”.

Cristo vive y nos sale al encuentro en las mismas cosas que estamos haciendo, en los mismos trayectos del día.

“Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos”

(cfr. Lc 24, 15).

Nosotros, no hablemos solos, no nos entretengamos con temas que nos van enredando y calentando la cabeza cuando Jesús quiere sacarnos de ese encierro interior. Aquellos van por el camino de Emaús y, por dentro, están mal… Y apareces Tu Señor, pero:

«Sus ojos no eran capaces de reconocerlo…»

(Lc 24, 16).

¿Por qué? Porque el desánimo y la tristeza no son cristianos… San Josemaría decía que la tristeza es aliada del enemigo… Casi siempre se nos mete por la soberbia, porque queremos todo perfecto o todo a nuestra manera; incluso el estado del mundo.

Y nos enojamos o nos decepcionamos cuando no sale… O se nos mete también por una mentalidad derrotista, porque las cosas no van bien o porque hemos pecado, y nos venimos abajo, nos hundimos… Nos hundimos y nos enojamos.

‘Ojo que el demonio solo sabe odiar y solo sabe estar triste’. Y a nosotros se nos puede meter esta actitud si nos alejamos de Dios.

“Que mal se está cuando se está lejos de Dios”. Entonces, empezamos a andar por la vida discutiendo por el camino…

DIOS ES PACIENTE

EMAÚS ES CAMINO DE ESPERANZA

Pero Jesús, “Tu Señor, el Hijo de Dios, no tiras la toalla, ni con ellos ni con nosotros, no te cansas…”. Como dice el Papa:

«No tiene miedo de “cansarse”, digamos así… Como aquel pastor que cuando vuelve a casa se da cuenta de que le falta una oveja y vuelve a buscar la oveja perdida»

(cfr. Mt 18,12-14).

 

«El pastor que hace horas extra, pero por amor, por fidelidad (…) Y la fidelidad es aquel padre que es capaz de subir muchas veces a la terraza para ver si vuelve el hijo, y no se cansa de subir: lo espera para hacerle una fiesta»

(cfr. Lc 15, 21-24).

La fidelidad de Dios es fiesta, es alegría (…)

 

«La fidelidad de Dios es una fidelidad paciente: tiene paciencia con su pueblo, lo escucha, lo guía, le explica lentamente y le enciende el corazón, como hizo con esos dos discípulos que se iban lejos de Jerusalén: les enciende el corazón para que vuelvan a casa»

(cfr. Lc 24,32-33).

Así lo dice el Papa y aquí es evidente: «Tú Jesús haces horas extra. Ya sufriste tu Pasión y tu Muerte. Es más, ya Resucitaste. ¡Ya hiciste todo! Pero te encontramos, camino de Emaús, haciendo horas extra».

Y contigo y conmigo también Jesús sigue haciendo horas extra. Te sigue yendo a buscar. ¡La cosa es darse cuenta! Porque Jesús se hace el encontradizo, pregunta y escucha. Y es que, como también decía el Papa en una ocasión, “nuestro Dios no es un Dios entrometido”. No se impone. El nos va a buscar, pero no nos va a obligar a nada.

Y llega Jesús, Tú Señor te pones a nuestro lado, y estamos tan metidos en nuestro mundo que no te reconocemos…

JESÚS QUIERE ENTRAR EN NUESTRAS VIDAS

EMAÚS ES CAMINO DE ESPERANZA

El Señor quiere escuchar qué es eso de lo que discuten. ¡Jesús nos busca siempre! Y se interesa por nuestras cosas. Hay que fijarse bien porque así hace siempre, también contigo y conmigo. Él quiere entrar en tu vida, meterse en tus cosas, pero con suavidad, con delicadeza, si se permite la expresión: “pidiendo permiso”.

¡Qué importante es la oración! Si queremos pasar de la tristeza a la alegría, si queremos recuperar la esperanza: a hacer oración, a estar cerca de Jesús.

La conversación con Jesús debe haber disminuido la fatiga; su presencia también. Tal vez no se habían atrevido a dirigirle la palabra…

“Pero tú Señor pones todo de Tu parte. Quieres aclararnos el panorama, resolver nuestras dudas. No te vemos con este confiar en nosotros, vivir metidos en nuestro mundo; que es precisamente lo que puede traer la tristeza y el tedio…”

JESÚS CAMINA CON NOSOTROS

«Él les dijo: —¿Qué ha pasado?»

(Lc 24, 19).

Y ellos le cuentan. Para que luego, Tu Señor, comienzas, como dice el Papa, la terapia de la esperanza… En la que les demuestra que Dios camina con nosotros siempre, siempre, incluso en los momentos más dolorosos, también en los momentos más feos, también en los momentos de la derrota: ahí está el Señor. Y esa es nuestra esperanza: vayamos adelante con esta esperanza, porque Él está junto a nosotros caminando con nosotros. Siempre (24 de mayo de 2017).

Renovemos el esfuerzo en descubrirle, especialmente en Pascua, en verle vivo, verte vivo Jesús. Y luego: pedirte que te quedes. Tratarte allí, escucharte, pero pedirte que te quedes porque Tú no te impones.

“Llegaron cerca de la aldea a donde iban, y él hizo ademán de continuar adelante. Pero le retuvieron diciéndole: —Quédate con nosotros, porque ya está anocheciendo y va a caer el día”

(Lc 24, 28-29).

Es lo que hacemos cuando nos acordamos de Él o cuando hacemos un rato de oración como este, estos momentos dedicados exclusivamente a Dios.

Vivir su vida y dejarle a Él vivir la nuestra. Pasar de la tristeza a la alegría. ¡Quédate con nosotros Señor!


Citas Utilizadas

Hch 3, 1-10

Sal 104

Lc 24, 13-35

cfr. Semana Santa-Pascua 2017 con Él, Antonio Fernández

cfr. Semana Santa-Pascua 2020 con Él, Pablo Blanco Sarto

Reflexiones

¡Gracias Señor por estar siempre cerca de nosotros!

Predicado por:

P. Federico

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