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P. Ricardo

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EL ROSTRO DE DIOS

El relato del profeta Elías nos recuerda que Dios no está necesariamente en las cosas grandes y aparatosas, sino en lo ordinario y en las cosas pequeñas.

NECESIDAD DE TI SEÑOR

El miércoles de esta semana, el Papa Francisco estuvo en la Audiencia General desde la Biblioteca del Palacio Apostólico, como lo está haciendo durante este tiempo, para evitar los contagios y evitar que lo contagien, ya que la Audiencia General de los miércoles suele darse en la Plaza de San Pedro. 

Y aquí el Papa aprovecha para hacer una catequesis, para comentar algún punto de las Escrituras y sobre algún tema que tiene en el corazón. Este miércoles pasado nos decía que apenas sea posible, volverán a la adoración y a la comunión del Cuerpo del Señor en la misa. 

Me dio mucha alegría escuchar estas palabras del Papa, que es nuestro Pastor, porque notamos cómo tiene el corazón, cómo tiene esa preocupación por todos nosotros, por un gran número de cristianos que todavía no pueden ir a misa.

Porque aún, por el tema de los contagios y los acuerdos con los gobiernos no se ve conveniente. 

En algunos países ya se han abierto y es una gran alegría, a veces un poco limitado, pero poco a poco la gente empieza a ir. Y es que el Papa Francisco sabe que nosotros tenemos necesidad de Ti Señor.

Y nos dice el Papa Francisco que la adoración -esto que está en nuestro corazón, en nuestra alma de hijos de Dios-, que hacemos las criaturas de Dios, esa necesidad imperiosa de postrarnos ante Ti de rodillas, cuando vamos a la Iglesia a pedirle algo al Señor o en la misa, es maravilloso.

En algunos momentos nos ponemos de rodillas, para los momentos más solemnes, por ejemplo, cuando se da la consagración, porque estamos ante algo extraordinario, algo muy grande. 

EL ALIMENTO DEL ALMA

También nos invitaba el Papa a acudir a la misa a recibir el Cuerpo de Cristo bien preparados, a recibir el alimento del alma. Y esto que dijo el Papa me ayuda a entender un poquito más, a meditar un poquito más ahora contigo en esos 10 minutos con Jesús y Contigo Señor, sobre un pasaje de la lectura del Libro de los Reyes.

Estamos siguiendo a un gran profeta, el profeta Elías, este profeta del Antiguo Testamento que se aparece junto con Moisés en la transfiguración, pues era un hombre con mucho Espíritu de Dios, que hacía grandes milagros, grandes acciones y esto le había costado mucho.

 Y en estos momentos que estamos leyendo, nos encontramos que Elías es perseguido por ser fiel a Dios, porque él, como profeta, quiere recordarle al pueblo de Israel que tiene que ser fiel a la Alianza con Dios cuando Israel se ha desviado del camino.

EL ROSTRO DE DIOS
FIDELIDAD A DIOS

Israel que ha empezado a adorar otros dioses, Baal era un demonio, a fin de cuentas. Y Elías constantemente anuncia la fidelidad a Dios. Es también Elías un modelo de lo que tenemos que hacer tú y yo.

Y no es porque vayamos necesariamente pregonando por las calles o por las redes que tenemos que ser fieles a Dios. No. Es sobretodo demostrarlo con nuestro ejemplo, con nuestro cariño y con nuestra comprensión. 

Y también porque al vernos dentro de nuestra familia, en el trabajo, en nuestro colegio, en la universidad, en el autobús o donde sea, puedan decir eso: ¡es un buen cristiano! ¡Que bien se siente uno cuando está con él! Que digan: es un hombre coherente, es un hombre leal. 

SIGNOS DE CONTRADICCIÓN

Los cristianos somos a veces como signo de contradicción, en muchos sitios los cristianos son perseguidos, en muchos sitios las leyes que a veces sacan a los Estados van contra nuestra fe. 

Muchas veces, los que dicen, los que se quejan, no se levantan y reclaman. Y a veces salen normas incluso aún más restrictivas de nuestra fe, de lo que creemos en nuestra conciencia y nuestro corazón. 

Y es como se siente Elías. Elías se mete en una cueva porque lo persiguen para matarlo. Y entonces le llegó la palabra del Señor y le dijo:

“Sal y permanece de pie en el monte ante el Señor. Entonces pasó el Señor y hubo un huracán tan violento que hendía las montañas y quebraba las rocas ante Él; pero el Señor no estaba en el viento. 

Detrás del viento, un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto.

Detrás del terremoto, un fuego un susurro de brisa suave.

Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con le manto, salió y se detuvo a la puerta de la cueva. 

Entonces le llegó una voz que decía: – ¿Qué te trae aquí Elías?

Él contestó: – Ardo de celo por el Señor, Dios de los Ejércitos, porque los israelitas han roto tu alianza, han quebrantado tus preceptos y han hecho morir a espada a tus profetas. 

EL ROSTRO DE DIOS
CONTEMPLAR EL ROSTRO DE DIOS

Uno piensa en la brisa bajando, en la brisa del mar. ¡Qué bonito cuando uno se acerca al mar! Yo vivo en una ciudad, en Lima, donde de hecho vivo en una zona que a diez minutos estás en un gran malecón donde está el mar, el Pacífico. Y es muy bonito sentir la brisa marina. 

Es lo que sintió Elías, e inmediatamente se cubre el rostro porque sabe que puede morir si ve a Dios. Y es que Dios está en las cosas pequeñas. Lo veremos después que Dios se hace hombre.

Toma nuestra naturaleza humana y no lo hace con aspavientos… No nace en un palacio, no hay un terremoto… 

Nace, como contemplamos en la Navidad, en una cueva en medio de la de la pobreza, en medio de la sencillez, en el silencio, entre unos animales. Y vienen a verlo unos pastores. Y esto es lo que hace Dios con sencillez.

Ya en el fin del mundo, ahí sí vendrá con todo. Y, esto nos puede servir, Señor, para buscarte en las cosas pequeñas de cada día, en primer lugar, cuidar de aquello que tenemos entre manos.

Y es nuestro estudio, nuestro trabajo, nuestra familia. Allí es donde Tú Señor, nos quieres santos. Allí es donde está la inmensa mayoría de cristianos. 

SANTIFICARNOS EN TODO MOMENTO

Y esperas que ellos, esa gran mayoría, sean los que santifiquen todas esas cosas, que se santifiquen en medio del mundo y que lleven el mundo hacia ti. Ese mundo que es bueno, porque ha salido de las manos de Dios.

San Josemaría, en una homilía en el año 1967 nos dice que el mundo es bueno, pero que depende de ti y de mí, que le devolvamos esa belleza. ¿Y cómo podemos aprender a ver a Dios en las cosas pequeñas? En primer lugar, con fe. 

Fe cuando hacemos bien las cosas, nosotros estamos aquí en este mundo para para llevarlo a Dios, para santificar todas las realidades.

Eso requiere de fe y por eso lo vamos a tratar de hacer bien, con cariño, haciendo bien este trabajo, acabando bien esas dos horas, tres o cuatro horas de estudio bien hechas.

Poniendo todo porque es para Dios, Hacerlo con cariño, por nuestra familia, por nuestras amistades y en esa comprensión, en ese saber perdonar. 

EL ROSTRO DE DIOS
EN LAS COSAS PEQUEÑAS

Son esas las cosas pequeñas. Es esa brisa que debemos llevar tú y yo como católicos. Que se pueda reconocer que tú y yo conocemos a Cristo y dejamos como una estela, como cuando pasa un barco.

Una estela para que los demás también puedan seguirnos. Para que sobre todo no me sigan a mí, sino que sigan a Cristo, que miren a Cristo, que conozcan el rostro de Cristo.


Citas Utilizadas

1R 19, 9ª. 11-16

Sal 26

Mt 5, 27-32

 

Reflexiones

Señor, que las cosas pequeñas de esta vida nos santifiquen de tal manera, que podamos ver Tu rostro al cerrar nuestros ojos a la eternidad. 

Predicado por:

P. Ricardo

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