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P. Ricardo

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UNA CASA FIRME Y COMPACTA

Jesús nos advierte que, así como un hombre busca construir su casa sobre roca firme y con buenos materiales, nosotros también debemos edificar nuestra vida sobre esa roca que es Cristo.
Ello nos llevará a esforzarnos por vivir según esa fe que hemos recibido.

El día de hoy, el mundo recuerda esos eventos tan terribles, esos atentados en Estados Unidos contra las Torres Gemelas, contra el Pentágono y ese otro avión que cayó y van muriendo miles de personas, casi tres mil personas, tres mil almas.

Aprovechamos este momento para pedir por aquellas personas que murieron en esos atentados, por los que han resultado heridos con secuelas, por tantas familias que han sufrido.  Porque no podemos permanecer indiferentes ante el dolor ajeno.

Recordando esos eventos ya de hace veinte años, pensemos que, haciendo un símil, tú y yo no estamos exentos de esos ataques del enemigo, del demonio, que quiere vernos caer, que no quiere que vivamos esa tranquilidad, esa felicidad que solamente Dios nos puede dar.

PERMANECER FIRMES

Por eso, el Evangelio de la misa de hoy nos recuerda que “debemos permanecer firmes, que debemos construir nuestra casa, nuestra vida sobre esa roca fuerte, sólida, segura, que eres Tú Señor”.

El Evangelio de san Lucas empieza así, diciendo:

“No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni árbol malo que dé fruto bueno.  Por ello, cada árbol se conoce por su fruto, porque no se recogen higos de las zarzas ni se vendimian racimos de los espinos”

(Lc 6, 43-44).

Jesús, con esa pedagogía, con ese don de lenguas, sabe explicar a sus oyentes (que, seguramente, eran personas que se dedicaban a las labores del campo) y nos imaginamos a Jesús hablando a esas personas que asienten con la cabeza.  Dicen: Sí, es verdad, es lo que yo me encuentro en mi día a día, en mi trabajo.

            “No hay árbol bueno que dé fruto malo…”

Es algo lógico, de sentido común, que se comprueba con la experiencia y “por eso, Tú Jesús, nos dices que para ello es importante que edifiquemos bien nuestra casa”.

Así como también el árbol cuando se planta necesita de unos cuidados y también necesita que esté protegido de esas plagas de gusanos que, a veces, están en el mismo suelo o que vienen por temporadas.

ESTAR PREVENIDOS

Entonces, el Señor nos dice que estemos prevenidos, que edifiquemos esa casa como aquel hombre que cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca y, entonces, cuando vino una crecida, el río arremetió contra aquella casa y no pudo derribarla porque estaba sólidamente construida; una casa fuerte.

Y pensemos ¿qué hacemos tú y yo, justamente, para cuidar esa casa que es nuestra vida? No únicamente el cuerpo, sino también nuestra alma.

¿Cómo está construida tu vida? ¿En qué lugar se encuentra Dios? En tu día a día, desde que te levantas hasta que te acuestas, cuando trabajas…

“No es fácil Señor porque estamos metidos en medio del mundo y encontramos muchas distracciones o, simplemente, porque tenemos que trabajar, porque tenemos que atender cosas”.

TRABAJAR

roca

A veces, tenemos que tener una clase, tendremos una entrevista, una reunión y, por supuesto, no podemos estar siempre rezando.

Al contrario, el Señor quiere que trabajemos, quiere que empleemos todas nuestras capacidades al servicio de Dios, de la humanidad, de la sociedad…

¡Qué bonito cuánto bien podemos hacer trabajando bien, sirviendo! Con nuestro trabajo bien hecho, hacemos mucho bien a las personas, ya no es únicamente para mí que, por supuesto, es de justicia que uno trabaje, que perciba el sueldo justo para poder mantenerse y mantener a su familia.

Pero hay más cosas que no se quedan únicamente en nosotros, en uno mismo, pues todo eso cuando está construido sobre esa roca firme, cuando vienen esos temporales, esas tormentas que de pronto golpean con qué fuerza.

ANÉCDOTA

Hace una semana, aproximadamente, viajé a la selva de Perú, de la Amazonía y eso es lo que se conoce como ceja de selva.  No es la selva profunda, la selva baja, sino recién empieza la selva.  Obviamente, se ve los ríos de la Amazonía, la vegetación exuberante…

Y en el último día, de pronto en la madrugada, empezamos a oír en el techo un golpe, otro y otro… y de pronto, se desató una lluvia… un temporal que arremetió con una fuerza como si alguien hubiese abierto una gran compuerta del cielo y cayó toda el agua que había.

Parecía que se venía abajo la casa, el techo… y ya después de un par de horas, es como que una persona volvió a cerrar la compuerta y se acabó.

LA ORACIÓN

En nuestra vida también pueden soplar, golpear esos temporales y ¿qué nos puede ayudar? Nos puede ayudar, justamente, la oración como estamos haciendo tú y yo.  Una oración que no reemplaza el diálogo con Dios.

Las ideas, las imágenes, las anécdotas que escuchamos en estos 10 minutos con Jesús, nos deben llevar a reflexionar, a conocer más a Jesús, a decirle: “Señor, esto me pasa a mí o ¿esto cómo lo puedo aplicar a mi vida?

Pero de ninguna manera puede convertirse o reemplazar mi conversación con Dios, contigo Señor. Porque aquí en estos 10 minutos o los minutos que tú hagas veinte, treinta minutos de oración, es como construimos nuestra casa sobre esa roca firme que es Jesucristo, que es Dios.

LA ORACIÓN ES FE

roca

Nuestra fe se acrecienta, la oración es fe, si no estamos locos hablando solos.  Yo, ahora mismo, estaría loco Señor hablándole a la nada, ¡no! Estoy hablando contigo, estamos hablando contigo y cada vez que una persona escucha estos 10 minutos con Jesús, estamos entrando en esa intimidad con Dios, si nos metemos en ese diálogo.

Porque te hemos dicho: creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes…”.

Y, al mismo tiempo, el Señor nos dice que vivamos esa coherencia, justamente, al haber construido nuestra vida, nuestra casa sobre esa roca que es Jesucristo.  Debemos vivir de manera coherente.

LAS MORADAS

Por eso, santa Teresa de Jesús dice en Las Moradas:

“Pues no está el negocio en tener hábito de religión o no, sino de procurar ejercitar las virtudes y rendir nuestra voluntad a la de Dios en todo.

            Y que el concierto de nuestra vida sea lo que Su Majestad ordenare de ella y no queramos nosotras que se haga nuestra voluntad, sino la Suya”

(Las Moradas, Moradas Terceras capítulo 2, Santa Teresa de Jesús).

            En este caso, esta santa advierte a las religiosas a las que se dirige, que no se trata de que, por utilizar el hábito ya son perfectas, sino que se trata de ejercitar las virtudes.

ALCANZAR LA SANTIDAD

Ellas, por supuesto, con sus votos, con esa vida abnegada, en ese momento en donde prima ese alejamiento total del mundo -separación total del mundo-, no por eso ya han conseguido la vida eterna, la santidad.

¡No! Al contrario, recién han empezado y ¿cómo? Con esas virtudes y en esto tú y yo, que a lo mejor si eres religiosa, religioso o muy probablemente, la mayoría, laicos y sacerdotes, tenemos en común que vivimos las virtudes.

La primera de ellas: la caridad, el amor a Dios y el amor al prójimo.

Ese amor a Dios nos llevará a querer tener a Dios contento con nuestra vida, con nuestro comportamiento y, más bien, al encontrar cosas que no van, que hemos fallado, que nos hemos equivocado, decimos: “Señor, perdón porque eso que he dicho, que he hecho, que he pensado, no es propio de un hijo de Dios.  ¡Perdóname Señor!”

Inmediatamente, Dios nos va a ayudar, porque no nos va a castigar.  El Señor quiere que cambiemos justamente, que rectifiquemos y, para eso, debemos reconocerlo.

Le pedimos a nuestra Madre santísima que nos ayude a rectificar siempre y a tener nuestra casa, nuestra vida, construida sobre esa roca que es Cristo su Hijo.


Citas Utilizadas

1Tim 1, 15-17

Sal 112

Lc 6, 43-49

Las Moradas, Moradas Terceras capítulo 2, Santa Teresa de Jesús

Reflexiones

Señor, perdón porque eso que he dicho, que he hecho, que he pensado, no es propio de un hijo de Dios. 

¡Perdóname Señor!

Predicado por:

P. Ricardo

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