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P. Josemaría

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7 min

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DIJISTE SÍ

Jesús que mis palabras sean como las de la Virgen, palabras que dan vida, que dan esperanza, y que dan alegría. Las más bellas palabras que ha pronunciado criatura alguna son «Hágase en mí según tu palabra», y esas palabras hicieron posible que la palabra de Dios se encarnará en las entrañas de María.

UN DÍA VERGONZOSO

Jesús quisiera empezar hacer mi ratito de oración, recordando un cuento que escuché el otro día en el coche. 

Es el cuento de un anciano que conoce a un joven, y éste joven se le acerca, y le dice: —¿Se acuerda de mí? El anciano le dice que no. 

El joven le responde: —Yo fui su alumno. Y el profesor le pregunta: —Y ahora, ¿a qué te dedicas? —Ahora soy profesor, le responde aquel muchacho. —Que bueno, como yo. Le dice el anciano. 

—Si, me convertí en maestro, porque su actitud conmigo me inspiró a ser como usted. 

El profesor le preguntó, ¿cuándo lo inspiró a ser maestro? Y el joven le contó la siguiente historia. 

Un día un amigo mío, también estudiante, llegó a clase con un hermoso reloj de bolsillo nuevo. Decidí que lo quería para mí y lo robé. Lo tomé de su bolsillo. 

Poco después, mi amigo notó el robo y se quejó con usted. Entonces usted se dirigió a la clase y dijo: —El reloj de su colega fue robado. ¿Quién lo robó? ¡Que lo devuelva! No lo devolví porque no quería hacerlo. 

Luego usted cerró la puerta y nos dijo: —Acá nos vamos a quedar todos hasta encontrar el reloj. Luego nos pidió que nos formáramos en círculo y que cerráramos los ojos. Porque a continuación, con los ojos cerrados, iba a revisar nuestros bolsillos para encontrar el reloj. 

Cuando llegó al mío y encontró el reloj en mi bolsillo, lo tomó. Y sin embargo, continuó usted buscando en los restantes bolsillos hasta revisarlos todos.

Al terminar, dijo: —Abran los ojos, ¡ya tenemos el reloj!

Usted no me dijo nada. Nunca mencionó el episodio. Nunca dijo a nadie que yo había robado el reloj. Ese día, usted resguardó mi dignidad para siempre. 

Fue el día más vergonzoso de mi vida, pero también fue el día que me salvó de convertirme en un ladrón. No me dió apenas una lección moral, recibí el mensaje. 

EL PODER DE LAS PALABRAS

Entendí que ésto, es lo que debe hacer un verdadero educador. —¿Se acuerda de ese episodio? —Si recuerdo la situación, dijo el anciano, pero no recordaba que fueras tú. Porque, te digo un secreto, yo también cuando revisé los bolsillos, tenía los ojos cerrados. 

Pues qué finura de actitud de una persona que al así actuar, no solamente hace sentir muy bien a alguien que tenía una enorme vergüenza, sino que le inspira a ser como él, un testimonio de vida. 

Y si lo piensas un momento, yo lo pienso Contigo Jesús, seguramente las cosas más importantes que nos pasan cada día, dependen de este tipo de gestos, de este tipo de palabras con que nos tratan y con que nosotros tratamos a los demás. 

Cómo nos alegra, por ejemplo, unas palabritas de cariño al comienzo del día. Por ejemplo, —Te quiero, vuelve pronto… —Nos vemos a mediodía para comer… Unas palabras pronunciadas desde el corazón, que nos hagan sentir llenos de cariño. 

Pues en el fondo, es de lo que depende en gran parte nuestra felicidad. ¡No nos engañemos! Todos, absolutamente todos, hasta el que parece más serio o más seco de carácter, todos necesitamos cariño. 

Qué poder tiene a veces, por ejemplo, la palabra perdón para restaurar la convivencia deteriorada. Y cómo nos cuesta decirla,… Se nos pega la lengua al paladar. 

O cuántas veces, una palabra amable nos puede quitar la tristeza, nos puede sacar de una tentación. Otras veces una palabra acertada, dicha en un momento adecuado, nos hace pensar, nos hace reflexionar. 

DIJISTE SÍ

GRACIAS, PERDÓN Y POR FAVOR

Decía el Papa Francisco que había tres palabras mágicas que son capaces de iluminar o purificar un hogar o un ambiente. Seguro las recuerdas, porque el Papa las dice en muchas ocasiones, que son: gracias, perdón y por favor

Cómo y casi sin darnos cuenta, con estas palabras: gracias, perdón y por favor, podemos hacer feliz a nuestro alrededor. O también por no decirlas, crear división y mal humor. 

Pues qué fuerza tiene una palabra. Una palabra cambia una vida. Cómo, con lo que decimos, podemos ayudar eficazmente a transformar nuestro entorno más cercano y contribuir a cambiar el mundo. ¡La palabra es poderosísima! 

Ponte a pensar como Dios al crear, como dice la Escritura:

«Con tus palabras hiciste todas las cosas»

(Sb 9, 2).

Jesús, después en su vida pública, con su palabra, resucita muertos. Con su palabra incluso se queda presente en la Eucaristía, en ese pan y en ese vino; cuando le dice a los Apóstoles en la Última Cena:

«Esto es mi cuerpo que se entrega por ustedes». 

Bueno, esa Palabra Divina que hace tanto bien, que nos ayuda y nos conforta tanto. Es la palabra también en nosotros, la que puede hacer mucho bien para los demás, (y también puede ser mucho mal). Y es lo que ocurre en el Evangelio de la Misa de hoy. 

PALABRAS SALVADORAS

Dice san Lucas:

«Que habiendo expulsado Jesús a un demonio, algunos de entre la multitud dijeron: —Por arte de Belcebú, el príncipe de los demonios echa a los demonios». 

Señor, ¡qué coraje escuchar estas calumnias dirigidas a Ti! Cómo se puede deformar de tal modo el maravilloso don de la palabra, retorciendo hasta llamarte a Ti, Jesús, nada menos que el diablo. 

Y en vez de admirarse ante la fuerza de tu palabra salvadora que expulsas demonios, salen de sus bocas esas calumnias, sembrando las dudas sobre Ti. 

Bueno, es lo que siempre hace el diablo. Decir mentiras, sembrar la sospecha de que en Dios, hay siempre una intención oculta,… De que Dios no es tan bueno como parece. 

Y por eso, le dijo la serpiente a Adán y Eva, que Dios les había prohibido comer de aquel árbol, porque se les abrirán los ojos y serían como Dios. 

Efectivamente, esa palabra que es fuente de vida y de amor, desde ese primer pecado, se pudo convertir también en fuente de maldición, de odio y de muerte. 

Y DIJISTE SÍ…

Por eso nosotros vamos a hacer un poquito de examen: Yo, ¿cómo soy? ¿Cómo son las palabras que le diriges a tu esposa o a tus hijos? Y si eres más joven, ¿a tus papás o a tus amigas? ¿Qué ejemplo le estás dando a tus hijos con los comentarios que haces o escribes en Twitter? (…)

Durante una videoconferencia, por ejemplo, ¿cómo soy? ¿Soy de los que uno o de los que divide? ¿De los que anima y alegra la vida? ¿Soy de los que hace sufrir y crean mal ambiente y se quejan por todo? Yo, ¿cómo hablo de los demás? ¿Están mis palabras y mis gestos hacía con todos, llenas de respeto y de caridad?

Bueno, vamos a terminar con unas palabras pronunciadas por alguien que ya te lo estás imaginando. Fueron las palabras de mayor alegría para la humanidad que pueden caber en el corazón. 

Son las palabras de María, cuando le respondió al Ángel:

«Hágase en mí según tu palabra. Y el Verbo de Dios se encarnó en sus purísimas entrañas». 

Y te quiero dejar con una canción, precisamente que se llama así: “Dijiste sí”. Y habla sobre el sí de la Virgen

La encontré en Spotify el otro día, compuesta por un amigo sacerdote de Madrid, que se llama Luis Poveda. (Lo encuentras en Spotify como Luispo, tiene muchas y muy buenas canciones para hacer oración). 

Y antes de ponerte esta canción, un ratito de oración para terminar: “Jesús, que mis palabras sean como las de la Virgen, palabras que dan vida, que dan esperanza y que dan alegría”. 

Las más bellas palabras que ha pronunciado criatura alguna son:

«Hágase en mí según tu palabra».

Y esas palabras hicieron posible que la Palabra de Dios se encarnara en las entrañas de María. 

Gracias, Madre, por esas palabras maravillosas que nos han abierto las puertas del Cielo.

DIJISTE SÍ

Dijiste Sí ( Letra y música: Luispo)

🎶 Dijiste Sí, y la tierra estalló de alegría, 

Dijiste Sí, y en tu vientre latía divina, la salvación. 

Hágase en mí, de corazón, la voluntad de mi Señor,

Que se cumplan en mí cada día los sueños de Dios. 

María, las tinieblas se harán mediodía,

A una sola palabra que digas,

En tus labios alumbra ya el sol. 

María, la doncella que Dios prometía,

Un volcán de ternura divina, primavera del Dios Redentor. 

Gabriel tembló, conmovido con tanta belleza,

Madre de Dios, cuélame en tu mirada de amor de la Anunciación.

Hágase en mí, de corazón, la voluntad de mi Señor,

Que se cumplan en mí cada día los sueños de Dios. 

María, las tinieblas se harán mediodía,

A una sola palabra que digas,

En tus labios alumbra ya el sol. 

María, la doncella que Dios prometía. 

Un volcán de ternura divina, primavera de Dios Redentor. 

Hágase en mí, de corazón, la voluntad de mi Señor,

Que se cumplan en mí cada día los sueños de Dios. 

María, las tinieblas se harán mediodía,

A una sola palabra que digas,

En tus labios alumbra ya el sol. 

María, la doncella que Dios prometía. 

Un volcán de ternura divina, primavera de Dios Redentor 🎶.


Citas Utilizadas

Jl 1, 13-15; 2, 1-2

Sal 9

Lc 11, 15-26

Sb 9, 2

Luispo  (escúchala aqui)

 

 

Reflexiones

Jesús, que mis palabras sean como las de la Virgen, palabras que dan vida, que dan esperanza y que dan alegría.

Predicado por:

P. Josemaría

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COMENTARIOS

  1. Padre Josemaria gracias por su oración tan sabía y bella
    La palabra es muy importante porque puede dañar o sanar cómo la de Jesus Santa y misericordiosa
    Sus palabras padre me han sanado
    Gracias ,Dios lo bendiga
    La canción hermosa !

  2. Maria dice:

    Padre Josemaria gracias por su oración tan sabía y bella
    La palabra es muy importante porque puede dañar o sanar cómo la de Jesus Santa y misericordiosa
    Sus palabras padre me han sanado
    Gracias ,Dios lo bendiga
    La canción hermosa !

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