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P. Juan

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6 min

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AYUDAS DE DIOS

Naamán era consciente de su lepra de que para él era imposible superarla con sus solas fuerzas. Como él, recibamos con agradecimiento la ayuda de Dios, la gracia.

Estamos empezando un rato de oración y cada uno donde estemos, estos 10 minutos con Jesús, hacemos oración desde tantos lugares (seguramente la mayor parte aquí en América).

PIDAMOS POR LAS NECESIDADES EN UCRANIA

Ahí donde estemos rezamos, levantamos el corazón a Dios y seguramente podemos volver a pedirle al Señor con insistencia como nos ha pedido el Papa que tengamos en el corazón a todos nuestros hermanos cristianos, todas las necesidades de los hombres, pero especialmente ahí en Ucrania.

Le pedimos al Señor, ahora en este rato de oración, que sepamos también tener presente durante el día, al sonreír con más cariño a una persona, poniendo empeño.

Bueno Señor, esto también por esta persona que tengo al frente, pero también te estoy pidiendo con ello por los de Ucrania.  Por ejemplo, al hacer un rato de trabajo o toda una mañana de trabajo, alguna cosa o un rato de oración o tomar el rosario y rezarlo con cariño a la Virgen.

Nos unimos a la oración del Papa siempre, pero quizás aprovechando este rato de oración, especialmente.

ESCUCHA ISRAEL, ESCUCHA A DIOS

Hay una frase que se repite con tanto cariño en la Sagrada Escritura, en el Antiguo Testamento, esta invitación:

“Escucha Israel” “Shemá Israel” “Escucha y alaba al Señor y míralo con cariño porque solo Dios es Dios y a Él quiérelo con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”.

 ¡Queremos quererte Señor !

QUIERO QUERERTE CON TODO EL CORAZÓN

Naamán

Se lo puedes decir tú también, se lo digo yo en voz alta, quizás tú.

Rezando todos juntos:

Señor, yo quiero quererte con todo el corazón.

Señor quiero escuchar estas palabras, quiero recordarlas y quererte durante todo el día y recibir de Ti tanto cariño y devolverte también una mirada llena de cariño, un saludo lleno de cariño, un saludo con la mirada, un saludo con el corazón que habla, un saludo con mis obras hechas con cariño; responderte Señor con toda mi vida.

PEDIR CON EL CORAZÓN HUMILDE

Pero claro, la clave es esto que escuchamos.  En primer lugar es recibir y algo que hoy día nos podemos detener porque en el Evangelio está ahí Jesús en Nazaret y en un momento estaba conversando con gente de ahí que están con disposición, con el corazón un poco endurecido.

Y el Señor les le hace ver que a veces la gente del propio pueblo, de la propia familia, los que nos han visto siempre, de repente por eso mismo no alcanzan a percibir aquello que nosotros, que somos el de siempre, ese tesoro que tenemos dentro: el Evangelio.

OBEDECER Y RECONOCER EL PODER DE DIOS

Y después, en tiempos de Eliseo, Jesús se detiene en la historia. ¿tTe acuerdas tú de ese gran general sirio Naamán, que era leproso, que va a ver al profeta y el profeta le dice: “Báñate siete veces en el río Jordán” y el profeta Naamán -al principio no-, luego sí hace caso?

DEL CIELO ME VIENE LA GRACIA DE DIOS

Y Jesús tú quieres que quizás hoy también me detenga un poquito y me doy cuenta que de Ti me viene, del Cielo me viene la luz del sol, el agua de la lluvia, la gracia de Dios al corazón.

Mira un texto que es súper antiguo de san Ambrosio, un texto que se llama “Sobre los misterios” “de mysteriis” el original del título en latín.

“Finalmente”

dice San  Ambrosio

“Aprende lo que te enseña una lectura del libro de los Reyes Naamán era sirio y estaba leproso sin que nadie pudiera curarlo, entonces una jovencita de entre los cautivos explicó que en Israel había un profeta que podía limpiarlo de la infección de la lepra,

Naamán habiendo tomado oro y plata se fue a ver al rey de Israel, éste al saber el motivo de su venida, rasgó sus vestiduras diciendo que le buscaba en aquella querella al pedirle una cosa que no estaba en su regio poder.

Pero Eliseo mandó a decir al rey que le enviaste al sirio para que supiera que había un Dios en Israel y cuando vino a él le mandó que se sumergiera siete veces en el río Jordán.

Entonces Naamán empezó a decirse a sí mismo, que eran mejores  las aguas de los ríos de su patria en los cuales se había bañado muchas veces sin que lo hubiesen limpiado de su lepra y se marchaba de allí sin hacer lo que le había dicho al profeta pero sus siervos lo persuadieron por fin y se bañó y al verse curado entendió al momento que lo que purifica no es el agua sino el don de Dios”

y termina diciendo San Ambrosio que, hasta ahora prácticamente ha repetido el texto del libro los Reyes;

“él dudó antes de ser curado, pero tú que ya estás curado no debes dudar”

(Reyes 5, 1-15).

HEMOS RECIBIDO EL BAUTISMO, YA HEMOS SIDO CURADOS

Tú que ya estás curado nos dice San Ambrosio, porque hemos recibido el bautismo, hemos recibido la salvación del Señor.

Y quizás nos pasa como a esos que estaban en Nazaret con Jesús, que estamos un poquito acostumbrados, malamente acostumbrados a haber recibido la salvación de Dios, haber recibido la gracia de Dios del bautismo.  O a recibir tanta gracia de Dios, tanta ayuda del Señor, a saber rezar, a estar ahora mismo rezando.

QUIERO DARME CUENTA, SEÑOR

El Señor, ahí en Nazaret, intentaba ayudar a la gente y también Tú Jesús lo que quieres hoy, ahora, en mi alma es despertarme, también como aquellos de Nazaret cuando les hablaste de Elías y aquella viuda, cuando les hablaste de Eliseo y Naamán, para que se dieran cuenta como se dio cuenta Naamán.

TÚ SEÑOR, ERES MI SALVACIÓN

Que yo también me de cuenta de Ti Señor.  Es un regalo y es tan maravilloso: de Ti me viene Señor la salvación, la alegría, esta vida en la que vivo, en verdad es una sola vida, pasando por la puerta de la muerte, pero es la misma vida que me das
Tú Señor.

Señor, que yo la viva como un regalo porque lo es, que yo la viva con agradecimiento, que yo la viva filialmente como hijo, porque esa es la verdad y esto ayuda un montón, porque da mucha paz interior.

GRACIAS SEÑOR, EN TI CONFÍO

Naamán

Cuando rezamos, por ejemplo, ese Salmo que digo, nosotros no somos ovejas, no andamos balando por ahí, ni producimos lana.

Pero sí que es verdad eso que Tú Señor nos tratas con tanto cariño, que nos llevas a verdes praderas, que nos llevas donde hay fuentes de agua tranquila, que reparas nuestras fuerzas, que a veces vamos por una cañada, por un lugar un poco más oscuro y no he de temer porque voy contigo.

El Señor nos quiere profundamente gozosos, nos quiere con paz.

Señor que yo esté en tus manos, (esto lo vivía santa Teresita de Lisieux). San Josemaría  que también ha aprendió tantas cosas de la tradición de la Iglesia, pero quizá especialmente a través de santa Teresita de Lisieux, de esta infancia, de este estar gozosos, tranquilos, confiados.

DESEAR UNA SANTIDAD GRANDE

Y por eso mismo también, audaces en manos de Dios, muy contentos, muy confiados, muy tranquilos, con mucha paz y, al mismo tiempo, es una combinación curiosa.  Al mismo tiempo deseando cosas muy grandes, deseando una santidad muy grande, deseando que se resuelvan problemas muy grandes, problemas que nosotros decimos yo no tengo cómo resolverlo.

IMITAR A LOS SANTOS

Y Teresita de Lisieux se embarcaba sin problema mar adentro y san Josemaría también y tanto santo.

Es lo mismo que hizo Naamán: acoger en el corazón como lo que era, como algo venido, como un regalo, como algo venido de las manos de Dios, entonces sí, esa lepra que parece imposible superar, es que la superó Dios, pero hacía falta la humildad, la confianza de Naamán y la nuestra también.

Vamos a pedirle al Señor tener un corazón así como el de Naamán, como el de Teresita de Lisieux, como el de san Josemaría, lo pedimos a través de la Virgen.


Citas Utilizadas

2 Rey 5, 1-15

Sal 41, 42

Lc 4, 24-30

Reflexiones

Señor en Ti confío, dame un corazón grande que sepa agradecer todo lo que de Ti recibo.

Predicado por:

P. Juan

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