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ELECCIÓN DE LOS 12 APÓSTOLES

Tres palabras de Jesús

ELECCIÓN DE LOS APÓSTOLES

El Evangelio de la Misa de hoy nos habla de la elección de los 12 apóstoles, y leo el Evangelio para después comentar algunas cosas.

Dice san Marcos en el capítulo tercero:

«En aquel tiempo Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con Él, e instruyó a doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar,

y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios: a Simón, a quien puso el nombre de Pedro; a Santiago, el de Zebedeo, y Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso el nombre de Boanerges, es decir, «los hijos del trueno».

 A Andrés, a Felipe, a Bartolomé, a Mateo, a Tomás, a Santiago el de Alfeo, a Tadeo, a Simón el de Caná y a Judas Iscariote, el que lo entregó».

En primer lugar quería hacer referencia a esa elección que hace Dios. Dios elige a los seres humanos y los asocia a sus trabajos. No es que le falte poder para hacer estas cosas, por supuesto que tiene todo el poder del mundo. Él puede hacer las cosas por Él mismo.

Pero Él quiere asociar a sus criaturas a sus hijos. Los quiere asociar en esos trabajos.

Me viene a la cabeza una anécdota que contaba san Josemaría de una escena que él vio en una playa, creo que era en Valencia.

Eran un grupo de pescadores que estaban recogiendo unas redes, haciendo trabajos. Ellos eran unos hombres fuertes, experimentados en ese trabajo. Y en medio de todos ellos había un chiquito, que en realidad no tenía ni la fuerza ni la experiencia, pero el chiquito estaba ahí también, haciendo como que recogía las redes, haciendo como que trabajaba junto con ellos…

LOS 12 ELEGIDOS

Yo me acuerdo también que, cuando era chico me gustaba estar con mi padre, que era escribano y estaba con otros amigos de él, y yo me sentía muy importante por estar con esas personas.

Y en realidad está bueno, porque las personas mayores, cuando tienen ese cariño quieren incorporar, podríamos decir, a los que no saben tanto, y los quieren incorporar a sus trabajos;  los hacen sentirse dignos… en realidad los hacen crecer.

El Señor cuando llama a alguien, lo llama precisamente para hacerlo crecer, para hacerlos crecer.

Es interesante lo que dice el Evangelio, que

«los llamó para que prediquen el Evangelio y les dio poder para expulsar a los demonios».

Dos cosas muy importantes, muy necesarias. Primero dice que llamó a los apóstoles para que estuvieran con Él. Quiero detenerme en esto.

Predicar el Evangelio es una cuestión absolutamente necesaria, expulsar los demonios, tiene que haber alguien que lo haga. Porque los demonios existen, joroban y molestan. Y entonces tiene que haber alguien que sepa cómo hacer ese trabajo de expulsar los demonios.

Ahora, lo que dice al principio es espectacular, porque es el primero de los objetivos que el Señor se propone: los eligió a los 12 apóstoles para que estuvieran con Él.

Qué interesante es esto. En realidad, el amor es el objetivo final al que tenemos que llegar.

Ese es el objetivo final al que conducen todos los otros objetivos. Por buenos que sean nuestros objetivos, tenemos que siempre apuntar al amor. Y en concreto, clarísimamente es amar más al Señor.

ENTREGA POR AMOR

Ahora, ¿cómo se hace para amar más al Señor?

Para amar más al Señor hay que estar junto con Él. Los llamó para que estuvieran con Él. El amor es el comienzo. Los discípulos siguen a Jesús porque se sienten queridos por Dios.

Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en Él. El amor es el comienzo de toda actividad.

Es también la fuerza para conseguir esos objetivos, y es la finalidad que nosotros tenemos que alcanzar.

El amor está en el comienzo, está en el medio, está en el final. Y cuando falta ese amor, todo lo demás se vuelve difícil, complicado,  tedioso, y termina cansando a uno, se queda sin fuerzas cuando no tiene ese amor para vivir.

San Agustín se preguntaba ¿Qué es antes, el amor o la obligación? Interesante que él se lo pregunte, pues nosotros también nos preguntamos muchas cosas y no sabemos contestarlas…

Pero san Agustín se lo plantea y además responde, y dice: ¿Quién puede dudar que el amor está primero, que el amor es anterior a la obligación? Porque si nosotros no amamos, ¿de dónde vamos a sacar el motivo para cumplir con nuestra obligación?

El amor engendra obligaciones y el amor nos da la capacidad para afrontarlas y para cumplirlas.

Dice también el Evangelio que

«Dios eligió a los que quiso».

Esto nos viene muy bien por distintos motivos. Y uno de los motivos es para que nosotros no pensemos que realmente hemos hecho los méritos suficientes como para que Dios nos elija…

¿Cómo Dios va a pasar por alto mis capacidades? ¿Cómo Dios no me va a elegir a mí, que soy inteligente, que soy piola, que tengo estas capacidades de trabajo?…

SOMOS ELEGIDOS PARA ALGO

Entonces nosotros podríamos llegar a creernos en algún momento que Él nos ha elegido porque nosotros somos buenos, o porque somos capaces para algo. Y la verdad es que esto no es así…

Dios elige a los que Él quiere, y a los que Él quiere les da la capacidad para que ellos puedan verdaderamente alcanzar esos objetivos que les propone.

Es interesante mirar en el Evangelio, cómo a veces pareciera como que el Evangelio se regodea en mostrar los defectos de los apóstoles, incluso en mostrar que les faltan aquellos atributos o aquellas capacidades por las cuales Dios los ha elegido.

Decía Chevrot, Pedro, no alcanza de entrada las características de la piedra, no alcanza la dureza de la piedra en los comienzos.

Es ese Señor quien se la va a proporcionar, y se la va a proporcionar después de haber Pedro experimentado su debilidad, después que Pedro haya caído tres veces en la negación de Jesús, después que Jesús lo haya tenido que corregir, en muy distintas oportunidades.

Esto nos viene bien para que nosotros no nos creamos superiores por el hecho de que Dios nos haya elegido para algo.

Y también nos viene bien para que nosotros no nos excusemos, porque en algunas oportunidades también nosotros decimos no.

Como decía alguno de los profetas:

«—Yo soy un niño pequeño, yo no sé hablar, yo no puedo hacer esto que me estás pidiendo. Y el Señor le dice: —A todos los lugares que vayas, que yo te diga que vayas, irás y todas las cosas que yo te diga que digas, vas a decir»

(Cf J 1, 6-8).

Como diciendo: —No te fíes solamente en tus propias fuerzas, porque para eso estoy yo, para darte esas capacidades que te hacen falta.

NOS ELIGE, DIOS NOS AMA

Por eso está muy bueno que nosotros tengamos conciencia de que el Señor nos quiere para determinadas cosas, de que el Señor puede meterse en nuestras vidas.

El Señor puede “complicarnos” (entre comillas) la vida, asociándonos a sus trabajos, llamándonos a su intimidad. Y aunque eso a lo mejor en algún momento pueda parecernos imposible, o pueda parecernos que no lo amamos, que no estamos en condiciones, que sepamos que el Señor en cada momento nos va a ir mandando esa ayuda necesaria.

Por tanto, no nos achiquemos frente a esas cosas que el Señor nos pide. Como decía también san Agustín: “Haz lo que puedas y pide lo que no puedas, y el Señor te dará para que puedas”.

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