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¿Cómo vivo yo la Pasión de Jesús, el Cristo?

“Ama el sacrificio, que es fuente de vida interior. Ama la Cruz, que es altar del sacrificio. Ama el dolor, hasta beber, como Cristo, las heces del cáliz”. (San Josemaría Escrivá de Balaguer)

“Te adoramos Cristo y te bendecimos que por tu Santa Pasión redimiste al mundo”. Vía Crucis.

Una vida sin pecado. Llevar una vida sin pecado. El pecado ensucia la humanidad, el corazón y el alma. La Pasión de Nuestro Señor fue la experiencia del pecado. Su Cruz, era el asqueroso peso del pecado de los hombres.Todos los hombres, todas las generaciones, esta generación hasta el final de los tiempos. Entonces, Jesús vino a esto: a enseñarnos que no hay nada que hiera más el alma que pecar.

Lo ha dicho muy bien un místico de nuestro tiempo, el sacerdote español, Javier Melloni: el cristianismo está en pañales. Creo que esto es verdad en la vida espiritual de muchos.

Católicos viven la Pasión saliendo de viaje

vacaciones en viernes de pasión

Quizá sea problema mío. Conocer a Cristo y comprender lo que hizo por mí, (lo poco que hasta hoy comprendo) me sacudió y me sigue sacudiendo el alma. Por ello los días de la Pasión, cuando “cargó sobre él todos nuestros crímenes” (Is 53,6) y se convirtió en el Cordero de Dios que carga con el pecado del mundo (Jn 1,29) son una oportunidad para quedarse en el templo de nuestra casa, para reflexionar profundamente en que la verdadera cruz que Jesús cargó sobre sus hombros, que llevó hasta el Calvario y en la que finalmente lo clavaron, ¡fue el pecado! (Rainero Cantalamessa). Esto no es sencillo. No se puede digerir tremendo acto, surfeando en las olas del mar; leyendo la Biblia descansando en unas hamacas o saliendo de compras en Miami. No.

Se requiere para conocer hondamente a Nuestro Dios, aquella ascética que es silencio, que clava la mirada en Él, que mueve el corazón hacia el tremendo misterio del Amor de Dios que permite que su Hijo se haga pecado. El pecado, lo sabemos, aleja al hombre de Dios. Es por esto que Jesús grita desde la Cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt,27,46).

Ciertamente son días de recogimiento, de reflexión en el sentido profundo de este misterio, de esfuerzo mental y del corazón para despertar la consciencia de que Cristo vive en nuestra alma para así acompañarlo como un apóstol más hasta el final. En aquellos días, los apóstoles huyeron y solo llegaron al final, Juan, María Magdalena y María… hoy muchos cristianos huyen a la playa, se suben en los aviones, dejan de asistir a los servicios que dan inicio con el Domingo de Ramos.

¿Por qué no asistimos todos? ¿Por qué somos tibios? ¿Acaso no sirve todo esto para acercarnos a Él , para sensibilizarnos, para comprender que Jesús murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación?

Quedaos aquí velando (Mc 14,34)

Vela al Santísimo

En los Alpes suizos se da un fenómeno muy interesante en el verano. Un frente frío que baja del norte, choca con una masa de aire caliente que sube del sur, esto provoca que surjan tormentas que cambian las condiciones atmosféricas: silbido del viento, tormentas eléctricas, vientos que producen grandes nubarrones. Parece como si las montañas fueran a colapsar.

Pues bien, escribe el Padre Rainero Cantalamessa, sacerdote franciscano capuchino “algo así ocurrió en el alma del Redentor: la inmensa malicia del pecado chocó en ella con la inmensa santidad de Dios, trastornándola hasta producirle un sudor de sangre y arrancarle de los labios aquella queja : “Me muero de tristeza. Quedaos aquí velando” (Mc 14,34)

Hoy Jesús también se muere de tristeza porque no nos hemos quedado a su lado velando. Yo no me he quedado. Ahora reflexiono. Puedo mostrarle mi amor y mi compromiso más, puedo decirle así cuánto lo amo. Él que es tan bueno, aunque sean los últimos días me aceptará de nuevo. Ese es Jesús, El Cristo.

Si ya estás en la playa al leer este artículo, te encuentras de viaje, has salido de compras con tu familia o amigos, ¡muy bien por ti! Dios quiere que nos divirtamos después de una pandemia. Pero el mundo sigue herido por el pecado, hay guerra en Ucrania y guerras en las familias y tú y yo vamos a amar el sacrificio, que es fuente de vida interior.

“Ama el sacrificio, que es fuente de vida interior. Ama la Cruz, que es altar del sacrificio. Ama el dolor, hasta beber, como Cristo, las heces del cáliz”. (San Josemaría Escrivá de Balaguer)

Como mencioné antes en esta lectura, al llevar a cabo esta Pasión redentora, Jesús tuvo junto a sí a su Madre y Madre Nuestra, de Ella dice un texto del Concilio Vaticano II – sufrió profundamente con su Hijo unigénito y se asoció con corazón maternal a su sacrificio, consintiendo con amor en la inmolación de la víctima que ella misma había engendrado” convirtiéndose así para nosotros en “madre en el orden de la gracia” (Lumen Gentium, nn. 58.61)

Que esta Semana Santa te preguntes cómo lo haré yo, ¿cuál será mi respuesta a esta revelación del amor de Cristo?


Escrito por

Sheila Morataya

Influencer para Cristo. Psicoterapia y coach de fe. www.sheilamorataya.com www.encuentra.com wwww.relevantradioenespanol

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