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Psicóloga Organizacional, Máster en Project Management, Minor en Comunicación Organizacional.   Directora de Proyectos Profesional

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La Estrella Nos Conduce

La estrella nos conduce A veces podemos estar agobiados de tantas caídas de nuestro día a día sin embargo nuestro corazón sabe que siempre hay una luz o una estrella que te espera.  Abandónate en […]

La estrella nos conduce

A veces podemos estar agobiados de tantas caídas de nuestro día a día sin embargo nuestro corazón sabe que siempre hay una luz o una estrella que te espera. 

Abandónate en Dios y comprenderás que los planes de Dios son perfectos. Si no lo crees mira aquel Pastorcito que siguió aquella estrella. 

La estrella

Nos hemos puesto a pensar realmente el significado de la estrella en nuestra historia de la salvación, pues al inicio podemos pensar que es un instrumento más, que ayuda a encaminar la voluntad de Dios, pero meditando sobre ella podemos decir que es luz. 

Aquella noche donde toda la creación se quedó impactada por el nacimiento del Señor, la estrella fue luz, así como aquella luz que inundó todo el portal de Belén, fue luz que guio en el camino a los reyes magos y por supuesto al pastorcito. 

Esta comparación que podemos ver gigantesca entre una pequeña estrella y un Dios en aquel pesebre, lleva a pensar que fue el mismo Dios con aquella luz única que atrajo con sus lazos de amor a quienes Él escogió, porque quería que fueran estos humildes reyes magos y el pastor los testigos del nacimiento que cambiaría la historia de la humanidad. 

Nunca hemos Estado Solos  

La estrella

Desde nuestros primeros padres Adán Y Eva siempre existió alguien que los conducía, cuando Dios nos pensó nunca nos pensó solos, no tan solo en humanidad sino también en el espíritu, siempre tuvo en su pensamiento el guiarnos, conducirnos y prepararnos.

Dios no elige a los capacitados, Dios capacita a los que elige.

Es por eso que hoy en día la luz de aquella estrella de Belén nos prepara el corazón, nos llama como un susurro, no tan solo a ver el nacimiento sino a ser parte de Él, porque el niño Dios quiere morar en ti. 

Pongámonos a pensar cuántos de nosotros hubiéramos seguido aquella estrella sin tener una preparación previa, sin que esta nos hubiera cautivado antes, sin que nuestro corazón se haya sentido inclinado a seguirla.

Pues pienso que el tiempo de camino de los Reyes Magos que los conducía al pesebre es ahora lo que conocemos como adviento, preparar nuestro corazón para ser morada de un Dios que nos ama. 

La estrella

Imaginar que aquellos personajes que nos narran las Sagradas Escrituras fueron completamente iluminados y atraídos por aquella estrella y que no la dejaban de contemplar, no la dejaban de seguir, pienso que el misterio de aquella estrella no solo sucedió aquella noche fría de Belén sino que durante algún tiempo, quizás meses o días, el niño Dios estaba preparando ya sus corazones y ellos pues se dejaron preparar. 

Hoy en este tiempo debemos ver esa estrella en nuestra vida, identificar cuál es la estrella que nos fue dada en la Tierra y sin lugar a duda pensaremos en Nuestra Santa Madre Iglesia, que es la luz que el mismo Jesús instituyó para que la sigamos, no dejemos de contemplarla, de seguirla porque conserva el gran Misterio del Amor, que les fue revelado en aquella noche fría de Belén.

Un fin de año con Propósito  

En este tiempo de adviento que estamos ya viviendo hoy, es un tiempo donde acaba un año y empieza otro año litúrgico y así como en fin de año para nosotros los cristianos debemos ponernos metas, cambios radicales a la luz del amor de Dios. 

Debemos escuchar lo que el niño Dios nos habla, quizás nos pide que cambiemos algo, mejoremos o quizás incluso renunciemos a algo de nuestra vida. 

Y fue eso lo que aquel pastor de las ovejas, los reyes magos escucharon y siguieron el camino que la estrella les conducía, esa luz que necesitaba ser vista, esa luz que venía a iluminar al mundo, esa luz de Dios hecho hombre.

Imaginemos una vez más en este tiempo de adviento, aquel portal de Belén que custodió del frío a la Sagrada Familia, ellos lo tenían todo pues tenían al niño Dios consigo.

Nuestro Belén

La estrella

Particularmente, para mí suelo comparar aquel pesebre con mi corazón lleno de tantas cosas que no necesito, pero que quiere acoger a la Sagrada Familia y que, así como el buen San José tallara y sacara lo que está demás.

Y nuestra Madre la Virgen María adornara con amor mi corazón para que sea un lugar donde un Dios pueda nacer. 

Pero para esto debemos estar atentos y vigilantes a los planes de Dios.

¿Cómo lo escuchamos? A través de su palabra viva en los Evangelios, hay que empezar a hablar menos de nosotros y más de Dios, de este modo aprenderemos a distinguir su voz.

La Virgen María

Anunciación

La virgen María desde la Anunciación escuchaba los deseos de Aquel niño que se formaba en su vientre así mismo el justo San José que siempre estuvo pendiente de aquellas prendas del cielo que le habían confiado. 

Hoy el niño Dios nos habla en nuestro corazón y sé que cada uno de nosotros intuimos lo que nos está pidiendo y quizás por miedo, falla o soledad no lo queremos aceptar.   

Pero hoy te digo que nunca has estado solo. 

Siempre hay una estrella de Belén que te guiará hacia la Sagrada Familia.

Dios es un buen padre que no deja sin camino a sus hijos  más aún si queremos hacer su voluntad. 

Debemos de decidirnos si ser como aquel pastor o como aquellos reyes magos que escucharon la voz del niño Dios y se dejaron guiar por aquella estrella de Belén.

Pienso que quizás su corazón se rebosaba de alegría con tan solo el hecho de seguir aquella estrella y, aún más, al encuentro de aquel portal con un Dios que se hizo hombre por amor a ti. 

Dios es la luz que viene como estrella a encaminarte hacia Él. 


Escrito por

Madeleine Vélez

Psicóloga Organizacional, Máster en Project Management, Minor en Comunicación Organizacional.   Directora de Proyectos Profesional

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