Susana Campoverde

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El Nuevo Reto del Cristiano

«Un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos. Dios quiere un puñado de hombres «suyos» en cada actividad humana.»

En la mayoría de países empieza un nuevo tiempo de distanciamiento social, ya no tendremos que estar completamente confinados. Podremos salir de nuestras casas con horarios limitados y respetando reglas para evitar contagiarnos o no contagiar a otras personas.

Por lo tanto, cuando se empiece a reactivar la economía vamos a darnos cuenta de la verdadera dimensión de la crisis en la que estamos sumidos. Algunos expertos dicen que no son sólo las personas quienes tienen muchos riesgos, sino también las empresas. Lo hemos visto, algunas han debido cerrar, se prevé que en los siguientes meses muchos perderán sus empleos o disminuirán drásticamente sus ingresos. 

Somos conscientes que las cosas van a cambiar, varios planes que estaban previstos jamás se llegarán a cumplir, porque seguramente las prioridades ahora son distintas. Volveremos a las cosas esenciales: valorar la vida en familia lo que hemos ganado, o asombrarnos por lo que antes ni siquiera notábamos, en definitiva valorar la vida, y valorar más a quienes han estado haciendo frente de la pandemia.

 

 

Dar la talla

Es el momento de que los cristianos demos razón de nuestra fe, y se note que la caridad fraterna es el mandamiento que hemos recibido del Señor, y nos ha dejado claro: esto conocerán todos que ustedes son mis discípulos, si se aman unos a otros (Jn 13, 35).

San Josemaría nos contaba un secreto: «un secreto, a voces: estas crisis mundiales son crisis de santos. Dios quiere un puñado de hombres «suyos» en cada actividad humana.» En estos momentos el mundo necesita cristianos verdaderos, hombres y mujeres íntegros capaces de afrontar con espíritu abierto las situaciones difíciles, de servir a sus conciudadanos y de contribuir a la solución de los grandes problemas de la humanidad, de llevar el testimonio de Cristo donde se encuentren en la sociedad.

Dios cuenta con nosotros, nos ha dado unos talentos y ahora cuenta con nuestra iniciativa, con nuestra creatividad, si somos sus manos el Señor conseguirá darle la vuelta a todas las situaciones, por duras y difíciles que parezcan. 

El cristiano de a pie

Cada uno debe analizar a su alrededor para ver dónde puede ser más efectiva su ayuda. A veces será una vecina que se queda corta con el presupuesto y, sin que se note la ayuda, puede invitar a comer; o esos parientes que podemos visitar con  con más frecuencia para llevarles cosas; o cuando se hace el mercado, comprar algo para esa otra familia que sabemos que la está pasando mal.

Ayudar a todos los que se pueda, a los que conoces, no sólo a los que te caen bien, se puede hacerlo de muchas formas, cada uno según su capacidad. Para los que menos tienen a veces bastará una llamada telefónica para acompañar a los tristes, mientras que para los más pudientes podrán dejar de cobrar un alquiler o pagárselo a alguien en más necesidad.  

Hay muchas familias que no tienen la suerte de contar con un sueldo fijo, con una nómina, viven al día y necesitan atención más urgente. Dios quiere actuar con nuestras manos para estar cerca de los más vulnerables.

La Iglesia también está ayudando de forma institucional y para algunos será una buena opción sumarse a esos esfuerzos, por ejemplo, dedicar una parte de su jornada a repartir alimentos a familias vulnerables con los voluntarios de Caritas en algún lugar del mundo, o llenar despensas a los más hambientos en México , o hacer llamadas telefónicas para acompañar espiritualmente a los que se sienten solos en cualquier país de Latinoamérica Un amigo te escucha de 10 minutos con Jesus.  

 

Misión del empresario cristiano

En estos tiempos son más importante las virtudes del empresario cristiano: buscar con creatividad la creación de nuevos empleos, o estudiar la disminución del impacto de los recortes de personal entre los más vulnerables. 

El Papa Francisco aseguró que  «la creatividad del buen empresario lo llevará a buscar alternativas antes de despedir a sus trabajadores.»  Buscar formas de evitarlos, negociar con los mismos trabajadores formas concretas de disminuir el impacto, intentando mantener la estabilidad laboral, aunque los salarios puedan fluctuar dentro de lo posible intentar mantener las plazas. Y si no hay más remedio, ofrecer soluciones alternativas como la licencia sin sueldo o la reducción del salario. En definitiva, evitar lo más posible despedir a la gente.

Hay muchas almas alrededor de nosotros, si vivimos nuestra fe seremos fermento de muchos más que también querrán ayudar. En este momento crucial de la humanidad, tenemos la oportunidad de ser plenamente cristianos, de dar el hermoso testimonio de nuestra fe.

 

Quienes entrarán en el cielo

El Señor es bien claro de quienes entrarán en el cielo, y no serán los que más recen, ni los que menos normas incumplan. Serán los que  ayudan a los demás: «Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme.» 

Cooperas a la obra de Dios cuando deseas el bien al prójimo, cuando imploras la bendición de Dios sobre su trabajo, y te alegras de los éxitos ajenos y das gracias por ellos. Es impresionante el poder de una palabra de aliento, de una mirada cariñosa o de un detalle de amabilidad. En este tiempo de pandemia tenemos un nuevo reto que ayudará a traer paz al mundo y, de paso, a ganarnos el cielo. 

Si quieres profundizar te dejamos una meditación de 10 Min con Jesús América Latina 

 

https://bit.ly/2Tye0nc

AUTOR:  P. Juan Carlos Vasconez

Tiene una trayectoria que permite definirle como persona inquieta. Es ingeniero en sistemas, doctor en teología y sacerdote desde mayo de 2015. Saca adelante varios proyectos digitales como:  Proyecto Kana, 10 Min con Jesús América Latina  y Educatec.

Imagen de Engin Akyurt en Pixabay


Escrito por

Susana Campoverde

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