Icono del sitio Hablar con Jesús

Los ángeles, criaturas que nos fascinan

San Miguel

¿Qué son los Ángeles y por qué nos fascinan? ¿De dónde proviene el conocimiento que tenemos de ellos? ¿Y en qué se caracteriza el culto católico de ellos? Estas y otras preguntas te las respondo en estas líneas

Origen

San Agustín enfatiza que están presentes desde el primer capítulo del Génesis: «En el principio creó Dios el cielo y la tierra» (Gn 1, 1). La palabra «cielo» no tiene, para el autor, el sentido físico con el que designamos la atmósfera. De hecho, la creación de esta se narra poco después, en el mismo relato.

San Agustín explica también que el mandato divino «haya luz» (Gn 1, 3) representaba la creación de los ángeles, antes del sol y de otras luces del mundo material. Cuando el Génesis describe la separación de la luz de las tinieblas (cf. Gn 1,4), se refiere a la rebelión de Satán y los demonios (cf. Apoc 12, 4), quienes eligieron para sí mismos las tinieblas.

En esta misma línea, el concilio de Letrán IV, dice: «Al comienzo del tiempo creó a la vez de la nada una y otra criatura, la espiritual y la corporal, es decir, la angélica y la mundana. Luego, la criatura humana, que participa de las dos realidades, pues está compuesta de espíritu y de cuerpo».

Y en la oración del Credo, declaramos que creemos en un Dios Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Fuentes primarias y de otra índole

Los ángeles son mucho más que seres alados vestidos de blanco, que flotan. Son parte de una realidad invisible, la base de su existencia tiene mucho de interpretación bíblica, otro poco de revelación a personas espirituales, una buena parte de Tradición de la Iglesia y, por otro lado, hay mucho de fantasía, superstición, esoterismo y todo eso que tanto le gusta a la corriente de la Nueva Era.

La existencia de ellos se testimonia en varios pasajes del Antiguo testamento, del Nuevo: en los evangelios, cartas de los apóstoles y en el Apocalipsis.

Uno de los primeros Padres de la Iglesia, a quien conocemos desde antiguo con el nombre de Dionisio el Areopagita (fue discípulo directo de San Pablo), explicaba que la jerarquía de los ángeles en el cielo es un reflejo de la jerarquía de la Iglesia en la tierra. La palabra jerarquía significa «orden sagrado» o «regla sagrada». Y Dios ha establecido este orden, de principio a fin, buscando en todo el servicio.

Naturaleza angelical

Según el catecismo, en el 330 son criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad; son criaturas personales e inmortales y superan en perfección a todas las criaturas visibles (CIC 330).

Son espíritus puros, inmateriales como Dios. Pero, al igual que nosotros, también son criaturas limitadas. Tienen un nacimiento. Por poderosos y majestuosos que sean, su poder es limitado.

Como nosotros, los ángeles son libres, y Dios les ha dado la oportunidad de elegir entre amarle o rechazarle.

San Agustín sostiene: «Cada naturaleza angélica era como una pequeña estrella, cada ser angélico resplandecía con su propio tono de luz…». Al referirse a esto, se refiere a que cada ángel es de una naturaleza distinta a la demás, una especie completa. La razón es que, en el mundo material, las especies se categorizan según las diferencias físicas, que en el caso de los ángeles no existen

Los seres humanos compartimos todos la misma naturaleza: la humana. En cambio, en el mundo angélico, cada uno tiene una naturaleza única.

Sabiendo esto podemos afirmar con certeza, que no nos convertiremos en ángeles cuando vayamos al cielo. Seguiremos siendo seres humanos, con una naturaleza distinta a la de cada uno de nuestros amigos angélicos.

Cada ángel es persona y con naturaleza única. Y, por ello, tienen también personalidades diferentes: rasgos y cualidades distintivos, así como una vocación concreta, dada por Dios.

Al final de la sección del Catecismo, los define «son criaturas espirituales que glorifican a Dios sin cesar y que sirven a sus designios salvíficos con las otras criaturitas. (CIC 350)


Su Misión

San Agustín, por su parte, nos dice: «El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu. Si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel»

Esta misión también se ve reflejada en la etimología. La palabra “ángel” procede de tres términos: “ángelus” (latin), “angelos” (griega) y su equivalente, malach en hebreo. Todas significan “mensajero” o “servidor” de Dios. Y es que eso es lo que hacen: comunicar lo que ellos mismos han presenciado, porque contemplan el rostro de mi Padre que están en los cielos” (cf Mateo 18, 10) “son agentes de sus órdenes, atentos a la voz de Su Palabra”(cf Salmo 103, 20).

Nos guían y nos protegen. Están a nuestro lado en la adoración a Dios. A veces incluso insisten en parecer nuestros iguales. Un ejemplo de esto es, sin duda, el respeto con que el ángel Gabriel trata a la Virgen María en la Anunciación (cf. Lc 1, 28). No se dirige a ella como lo hace un superior a su subordinado, sino todo lo contrario. Está hablando con su reina.

Además de ser los mensajeros de Dios, de asistirlo en la lucha por la salvación de las almas y defenderlos de las asechanzas y tentaciones de Lucifer, los ángeles nos ayudan en el aprendizaje del amor a Dios.

¿Cuándo celebramos a los ángeles los católicos?

En la Iglesia católica celebramos particularmente la memoria de ciertos ángeles como san Miguel, san Gabriel, san Rafael, el 29 de septiembre. Según Dionisio, ellos son Arcángeles, los «asistentes» de Dios. Son ángeles que están al servicio directo del Señor para cumplir misiones especiales. Estos son los únicos ángeles que tienen nombre.

Así como tenemos la certeza de la existencia de san Miguel, san Rafael y san Gabriel, también sabemos por la tradición que cada uno de nosotros cuenta con un Ángel de la guarda (2 de octubre). Ellos custodian al hombre e interceden por él, como dice san Basilio Magno: «Nadie podrá negar que cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducir su vida».

La primera generación de cristianos se benefició mucho del servicio de los ángeles y tuvo mucha familiaridad con ellos. Esta se manifiesta, por ejemplo, en el capítulo 12 de los Hechos de los Apóstoles. Después de que un ángel liberó a Pedro de la prisión, este se dirige a la comunidad. Ellos lo reconocieron el ángel de Pedro(cf. Hc 12, 13-15).

Por designio de Dios, los ángeles se encuentran presentes en nuestras vidas, desde el momento de la concepción al de la muerte. Como muestran las Escrituras, los demás momentos de nuestras vidas irían mucho mejor si contáramos siempre con los ángeles.

¿Con qué frecuencia hablas con tu ángel de la guarda? Él puede ser tu mejor aliado. Los ángeles son nuestros amigos y nos acercan a Dios de maneras sorprendentes. Si quieres conocer mejor la voluntad del Señor y quieres tener una relación íntima con Él, trata de conversar a diario con él. Y empieza poniéndole un nombre. El mío se llama Miguelito. ¿Y el tuyo cómo se llamará?

Salir de la versión móvil