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Cristina Balart

Periodista, chilena, Estudios en la Universidad de los Andes, Diplomado en Prevensión de Crisis Institucionales.

3 min

Amigo de sus amigos

Desde este año, el Calendario General Romano ha dispuesto que la celebración del 29 de julio sea llamada de los santos Marta, María y Lázaro. Hermanos de sangre, cada uno fue amigo personal del Señor.

Recordar a los hermanos de Betania nos conduce a palpar la cercanía de Dios con los hombres. Marta, María y Lázaro compartían una fuerte y sincera amistad con el Señor. La amistad es uno de esos «caminos divinos de la tierra» que Dios ha abierto al haberse hecho hombre, amigo de sus amigos. Es un terreno en donde se palpa, de manera especial, esa cooperación misteriosa entre la iniciativa de Dios y nuestra correspondencia.

El primer paso de la amistad

El evangelio no nos cuenta dónde se conocieron y las razones de esta amistad. Pero sí es claro para afirmar que el Señor les visitaba en su hogar en Betania ((Mt. 21: 17; Mc. 11:1, 11, 12; Lc. 10:38; Jn. 11:1)) y que entre ellos había una relación de amistad sincera.

Seguramente su amistad partió con un primer encuentro, en el que el Señor o alguno de los hermanos procuró tener un gesto amable para con el otro. Acto seguido,  se tendió un hilo fino que les llevó a desplegar la capacidad de querer a los demás que tiene cada hombre y de querer con los demás. Porque para que exista la amistad verdadera el Señor, nos da ejemplo: compartió las ilusiones y los dolores de sus amigos dejando que su vida se amoldara a la de los demás.

Así lo demuestra cuando acude donde María tras la muerte de Lázaro.

Jesús se entrega a Él mismo en esta relación de amistad humana y ¿tú? ¿Cómo tratas a quiénes te rodean? ¿Tiendes esos puentes hacia los demás o te encierras en ti mismo con excusas como el exceso de trabajo o la prisa? ¿Has pensado alguna vez en la cooperación misteriosa entre la iniciativa de Dios y nuestra correspondencia?, pues se sirve de las relaciones de amistad para llegar a los hombres y que estos conozcan su Amor.

Amigo de sus amigos

Como un personaje más

San Josemaría enseñaba que había que entrar en el evangelio como un personaje más. ¡Imagínate en casa de María, Marta y Lázaro! Ahí están los ingredientes de toda buena amistad: confianza, servicio, generosidad, aprendizajes, sencillez y humor ( siempre pienso en los ojos divertidos del Señor cuando dice “Marta, Marta…”al hacer frente a sus alegatos por la pereza de su hermana). Jesús con sus gestos, con su modo de hablar, de moverse, de trabajar nos enseña a ser buen amigo, porque Él siempre es Amigo de sus amigos.

Mientras lees y procuras rezar levanta tu corazón al cielo para pedir ayuda al Señor para que te de la gracia de formar – o reformar-  tu carácter para hacerte amable con tu propia manera de ser y con tus limitaciones personales.  Así podrás ir esculpiendo tu propia forma de ser buen amigo.

El desafío de ser buen amigo

Una de las características de la amistad es la paciencia. Amigo de sus amigos, el Señor tuvo una paciencia infinita con los suyos. Como dice el Papa Benedicto XVI, en la misa de inicio de su pontificado «el mundo es redimido por la paciencia de Dios y destruido por la impaciencia de los hombres» ¡Debemos tener con nuestros amigos la paciencia que Dios tiene con nosotros!

El fundador del Opus Dei en su libro Amigos de Dios nos recomendaba aquella paciencia «que nos impulsa a ser comprensivos con los demás, persuadidos de que las almas, como el buen vino, se mejoran con el tiempo» Tener paciencia no quiere decir que no suframos, a veces, por la falta de correspondencia de otras personas a nuestro cariño, o porque vemos a algún amigo emprender caminos equivocados. Se trata, en realidad, de sufrir con el corazón de Jesús, identificándonos cada vez más con sus sentimientos, sin dejarnos llevar por la desesperanza.

Ojalá puedan decir de nosotros lo que se decía de los primeros cristianos: “mirad cómo se quieren”. En esta nueva Fiesta de la Iglesia, reflexionemos sobre cómo estamos llevando nuestro diálogo de amistad con quienes nos rodean.


Escrito por

Cristina Balart

Periodista, chilena, Estudios en la Universidad de los Andes, Diplomado en Prevensión de Crisis Institucionales.

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