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¡ATINA!

talento

El objetivo de estos audios, 10 minutos con Jesús para Latinoamérica, no es sustituirte a ti en tu diálogo con Dios.

No somos traductores o intérpretes, sino damos algunas ideas, palabras -ojalá inspiradas lógicamente por el Espíritu Santo- para que, desde allí, se encienda tu diálogo personal con el Señor.

Estos audios no sustituyen la oración personal, sino que tienen que ser una ayuda que, de alguna manera, despierte tu hambre de tratar al Maestro; hambre de tener un rato diario de conversación a solas con Él, tan necesarios para poder vivir.

De otra manera, ¿cómo podríamos mantener el optimismo, el sentido sobrenatural positivo frente al dolor, la confianza en los momentos duros de la prueba? ¿Cómo podríamos caminar sobre las aguas si no nos dirigiéramos al Señor, si Él no nos tomara de la mano?

Por eso,

“un cristiano que abandona la oración es un soldado sin armas”,

una imagen tan antigua que nos proponía san Josemaría. ¿Te imaginas un soldado en plena guerra?

Aprovechamos ahora para pedir al Señor por la paz en los conflictos tremendos que están teniendo lugar en estos tiempos actuales.  Especialmente pedimos por la paz en Tierra Santa, la tierra de Jesús y también en Ucrania, Rusia…

SER ALMA DE ORACIÓN

Pero ¿cómo podría enfrentar una guerra un soldado sin armas, que tiene enemigos que están ahí vigilándolo y dispuestos a meterle una bala o una flecha -lo que sea- si se descuida?

Muchos cristianos acribillados porque han salido al mundo, porque funcionan en un mundo sin la debida precaución.

La primera precaución para que no te roben la fe, es ser alma de oración y entonces podemos estar en una situación muy adversa personal o de contexto, fin, ambiente familiar o académico o de trabajo, pero si estamos unidos al Señor, si Dios está con nosotros, ¿quién contra nosotros?

Unidos a Cristo enfrentamos cualquier situación y esa unión no se puede falsear; esa unión tiene que ser sincera, tiene que ser en la cabeza y en el corazón.

Unidos a Ti Señor con la cabeza, es decir, el don de la fe, la doctrina de la fe católica de siempre, que está ahí en el Catecismo de la Iglesia Católica de san Juan Pablo II, unidos a Ti en la fe y unidos a Ti en el corazón.

Esa unión de Cristo en la cabeza y en el corazón tiene mucho que ver, como bien sabemos, con la gracia de los sacramentos; vivir en la gracia de Dios, crecer en la gracia de Dios.

No es posible sostenernos de pie en este terreno jabonoso y con pendiente si no estamos sostenidos por la gracia de Dios. No pidas milagros si es que no cuidas tu vida de la gracia.

PARÁBOLA

El Señor nos quiere ayudar y el Evangelio de hoy es un llamado precioso a la responsabilidad.

¿Te acuerdas de la parábola de los talentos? Ese personaje generoso que reparte talentos (talento es una moneda de mucho valor), a uno le da cinco, a otro le da tres, a otro le da uno; cada uno según su capacidad.

No hay que envidiar, el igualitarismo es profundamente injusto porque somos iguales en condición humana, en dignidad y en derechos fundamentales, pero cada persona tiene sus talentos, sus capacidades, su desarrollo.

Ojalá que todos tuviéramos igual posibilidad de desarrollar los talentos, pero el igualitarismo pretender igualar a la fuerza de quitar, en vez de estimular lo bueno, las capacidades.

El Señor reparte talentos según la capacidad y es una manera también de enseñarnos a superar las tentaciones de envidia, de comparaciones…

Si sientes tristeza frente al bien ajeno o sientes alegría frente al mal de otro, pide al Señor que te sane ese cáncer en tu corazón, ese tumor que se llama envidia, que es un pecado triste.

Los dos primeros personajes, como recordamos, se afanan, trabajan.  ¿Qué es lo que trabajan? La fe, esperanza y caridad.

TALENTO TRIPARTITO

Es el primer talento, un talento tripartito, que tiene tres (como un trébol, tres partes que constituyen una unidad): Creo en Dios, espero en Dios, amo a Dios.

Es el primer talento que el Señor te pide que custodies, que cultives, que lo sepas administrar bien: crecer en la fe, salir de dudas, enfrentar perplejidades, cosas que uno no sabe o no entiende por qué la Iglesia enseña de una determinada manera.

Custodiar tu fe es estudiar; custodiar tu fe es profundizar, no quedarte en la superficie de la opinión de las mayorías.

La esperanza de que, sea lo que sea, el Señor siempre nos acompaña con su fuerza y contar con esa fuerza, no ser voluntaristas, personas que creen que con su simple empeño van a conseguir lo que se proponen y ¡no!

“Señor, ayúdame”, qué oración más bonita.  Custodiar el amor, el amor que tiene tanto que ver con esto, con la oración personal de la que hablábamos al principio.

El tercer personaje que recibió un talento lo hizo mal y al final le llega un buen reto, una palabra dura:

“Siervo negligente y holgazán, flojo.  Con que sabías que si iba donde no siembro y recojo donde no esparzo, pues debías haber puesto mi dinero en el banco para, que al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses”

(Mt 25, 26-27).

DO UT DES

Siervo malo y perezoso, flojo, descuidado, te dejaste dominar por el miedo, no supiste confiar y, tranquilizando tu conciencia, enterraste el talento envolviéndolo en un pañuelo y lo pusiste ahí, para luego ya un poquito avergonzado, con la vista en el suelo, devolverlo a tu señor.

¿Cómo quieres vivir el resto de tu vida? ¿Enterrando el talento de tu fe, de tu amor, de tu esperanza en Dios o haciéndolo multiplicar cada día con su gracia en ti y en los demás?

Es una llamada al apostolado, una llamada que Jesús nos hace a no encerrarlo a Él simplemente en nuestro corazón, sino que darlo a los demás.

Hay una expresión antigua medieval do ut des, doy para que des y se puede aplicar perfectamente a lo que estamos considerando aquí en la presencia del Señor.

El Señor te dice: “te doy y mucho” y todos ustedes y yo hemos recibido muchísimo de Dios para que des do ut des, para que des a los demás.

LLEVAR A CRISTO A LOS DEMÁS

No me encierres en tu vida personal, sino que, a partir de esa unión profunda contigo, llévame a los demás, llevar a Cristo a los demás.

La gente está esperando una palabra de esperanza, de consuelo, de paz, de confianza en Dios y también el ejemplo que remueve de personas normales con defectos, pero que saben pedir perdón a Dios y a los demás.

No somos perfectos, ni pretendemos esa forma equivocada de santidad de quien no se equivoca.

Le pedimos a la Virgen santísima que nos ayude a aprovechar este talento maravilloso que es, en definitiva, su propio Hijo.

Dios confió a su Hijo a María santísima y a san José y lo supieron custodiar.  Que también nosotros que hemos recibido en confianza a Cristo por parte de Dios Padre, con la mirada atenta y tierna de María, sepamos custodiarlo llevándolo a los demás.

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