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P. Javier

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10+

LOS DISCÍPULOS QUE NO AYUNAN

Sentido del ayuno. Jesús nos invita a un ayuno que nos transforme poco a poco en esta cuaresma.

QUE MI RELACION CON JESÚS AUMENTE

En estos 10 minutos con Jesús, en los que procuramos cada día establecer, afianzar, hacer crecer esta relación con Jesús (porque es lo que más nos interesa, es lo que más nos une y nos trae aquí), es que queremos que crezca nuestra relación de amor con Él;

Queremos ser cada día más amigos de Jesús, más íntimos de Jesús, como los apóstoles que, día a día, iban creciendo en fe, en cariño, en confianza.     

TRANSFORMACIÓN

En esos tres años, se produce una transformación impresionante en el corazón de aquellos hombres, porque empiezan con dudas, mirando un poquito de lejos, todavía sin dejar del todo el trabajo, sin estar dispuestos completamente a seguir a Jesús.   Cuando Jesús llama a Pedro, a Juan, a Santiago… hay una etapa inicial en la cual lo siguen, pero lo siguen desde su trabajo; o sea, no se dedican de lleno a seguir al Señor, Él tiene que esperar que vaya cuajando en el corazón de sus amigos esta realidad que es que a Él valía la pena seguirlo y dejar todo por Jesús.

Nosotros lo dejamos todo, no en el sentido material, sino en el sentido en que queremos que Jesús sea realmente el protagonista de nuestra vida.  El actor principal, la persona más importante, nuestro Amigo más importante y eso requiere un camino, no es de un día para el otro, no es una cosa que se consiga de ahora para dentro de dos minutos.  

CRECER EN CONFIANZA PORQUE JESÚS SIEMPRE ESTA AHI

O sea, no lo podemos hacer en estos 10 minutos, pero sí vamos a poder avanzar como aquellos apóstoles; como aquellos primeros cristianos, que poco a poco fueron creciendo en esa confianza.  Vemos a Pedro, a Juan, a Santiago, a Andrés… a todos ellos transformados; al cabo de tres años estaban incondicionales; o sea, Jesús decía: «vamos para acá, vamos para allá» vamos a donde diga Jesús, hacemos lo que Él diga

Ponemos toda nuestra confianza en Jesús porque lo hemos visto actuar, lo hemos mirado, lo hemos escuchado, hemos disfrutado de su sonrisa, hemos disfrutado de sus abrazos, de su cariño, de su cercanía, de que para Jesús somos lo único, lo más importante.  Sabemos que Jesús no es la ley, nunca nos va a tratar con dureza, Jesus nos perdona siempre, no hay absolutamente nada que podamos hacer para que nos quiera menos.

Jesús siempre está dispuesto a levantarnos porque somos muy frágiles y en cuanto nos despistamos un poquito, ya estamos metiendo la pata.  Jesús está ahí para levantarnos, no para condenarnos.  A ese Jesús es al que queremos seguir.

Ese Jesús es el que nos mueve en estos 10 minutos a crecer en su intimidad, en su amistad.  Por eso, cada vez que leemos el Evangelio no podemos perder de vista esta realidad, que es que queremos ser verdaderos discípulos para el Señor.

LOS CUARENTA DÍAS

En el Evangelio del día, hay un pasaje muy breve de San Mateo que dice:

“Los discípulos de Juan se le acercaron a Jesús preguntándole, ¿por qué nosotros y los fariseos ayunamos a menudo? En cambio, tus discípulos no ayunan.  Jesús les dijo: Es que acaso ¿pueden guardar luto los amigos del esposo mientras el esposo está con ellos? Llegarán días en que les arrebatarán al esposo y entonces sí ayunarán”.

(Mateo 9, 14-17)

El Señor, con ese pasaje del Evangelio -que ya lo hemos comentado más de una vez- nos recuerda la necesidad del ayuno por un lado, pero referido a Dios. 

Los fariseos y esos primeros discípulos de Juan, quizás ayunaban pero por deber, por cumplir la ley, por hacer algo que estaba previsto.   Si a veces nos comportamos de esta manera: hago lo previsto, si estoy donde se supone que tengo que estar y hago lo que tengo que hacer, pues voy a ser feliz; no siempre, porque tendríamos que ver ¿qué quiere Dios? ¿Cuál es la jugada de Dios? porque quizás Dios querría que le prestáramos atención a otra persona, no a la que nosotros habíamos pensado; quizá, que dedicáramos tiempo a otra persona distinta de la que nosotros habíamos elegido y así, Dios nos va cambiando continuamente los planes.

De pronto: pinché llanta y me tengo que hacer amigo del señor que me está auxiliando y Jesús quiere que establezca una relación, un vínculo con esa persona: cambió el GPS, cambió el plan.

AYUNO

Por eso, el ayuno no es algo que nosotros hacemos y que produce resultados como si fuera una maquinita: yo ayuno y luego me transformo.  Jesús intenta decirles que el ayuno no funciona así, que hace falta ayunar, por supuesto. 

Hemos considerado cómo Jesús comienza su vida pública con cuarenta días de ayuno, un ayuno tremendo, durísimo… Los que hemos tenido la suerte de estar en el monte de la cuarentena, hemos tomando conciencia de lo que significa haber estado cuarenta días en esa meseta, que hace un calor abrasador durante el día, un calor insoportable, ese calor que quema, que te hace daño y, a la noche, un frío gélido.

Durante el día, además, suele soplar viento, con lo cual el oído te queda dañado y ese viento levanta polvo y ese polvo que se te mete en los ojos, en la boca, la nariz…

Jesús hizo un ayuno tremendo en todos los sentidos: de olfato, el gusto, la vista, el tacto… ¡todos!  Absolutamente todo lo sometió a una durísima prueba.    Por eso Jesús no nos está diciendo que no tenemos que hacer ayuno, por supuesto que tenemos que hacer ayuno: un ayuno razonable, normal.   Un ayuno de personas que están en medio del mundo, que no podemos hacer cosas exageradas porque no nos da el cuerpo, no nos hace bien ser exagerados, nos hace bien ser normales, ser humildes, ser sencillos.

EL AYUNO NOS TRANSFORMA EL CORAZÓN

Voy a hacer ayuno de algunas cosas pequeñas: durante las comidas no estar atento al celular; si recibo a alguien, no estar mirando los mensajitos; hacer ayuno de no mirarme tanto al espejo, porque me estoy poniendo un poco demasiado vanidoso, demasiado cuidado de mí mismo.

Cada uno sabe en lo que tiene que hacer ayuno o ayuno en las cosas que no tenemos que comer.  A mí me hace mal comer demasiadas harinas y bueno, tendré que hacer ayuno de media luna o croissants o como se llame en los países de cada uno.  Cada uno necesitamos hacer ayuno en las cosas en las que nos tocan, pero un ayuno humilde que esté dirigido a que Jesús nos cambie el corazón a Su ritmo.  No es tocar una tecla y que se produzca el resultado. 

Jesús va a conseguir que ese ayuno nuestro se transforme, de alguna manera, en un cambio del corazón, de a poquito, suavemente, sin darnos cuenta.  Como los discípulos que no se fueron dando cuenta de que estaban siendo transformados y de que cada vez confiaban más en Jesús y que Jesús era, para ellos, cada vez alguien mucho más importante en sus vidas.   

Los discípulos no se dieron cuenta de la transformación, pero se transformaron.  Y, efectivamente, al cabo de tres años estaban muy transformados y después del Espíritu Santo, muchísimo más transformados.

DIOS ACTÚA EN NOSOTROS

Dios claro que actúa en nosotros.  Si nosotros nos ponemos a tiro, Dios actúa, actúa despacio, suave, porque no quiere que nos agrandemos, que pensemos que somos dueños de nuestra propia conversión.  Que, como mérito de ese ayuno tremendo que hicimos, nos hemos transformado nosotros a nosotros mismos, con nuestras propias fuerzas.   

«Porque yo he ayunado, yo me transformo», eso es lo que Dios quiere evitar, porque si no, le robaríamos a Dios ser Dios.  Nos convertiríamos nosotros en Dios, lo reemplazamos a Dios.  

El amor propio de la soberbia hace que queramos ser como dioses, el primer pecado.  El demonio siempre está ahí tentándonos para que seamos como dioses y no somos como Dios.  Dios es Dios y nosotros somos criaturas pobres, completamente frágiles, a merced de la pequeña primera tormenta que nos quiebra, que nos vuela…

Por eso Dios nos quiere transformar sin que nos llenemos de soberbia o de orgullo; es una transformación serena, suave.

Pidámosle a la santísima Virgen y a san José que nos ayuden en este proceso de transformación, para que hagamos ayuno todos los días en esta Cuaresma que acaba de comenzar, pero un ayuno que nos lleve a unirnos a Dios.

 

 

 


Citas Utilizadas

Isaías 58, 1-9a

Salmo 50

Mateo 9, 14-15 

 

Reflexiones

Señor que a través del ayuno de cuaresma, yo me transforme.

 

Predicado por:

P. Javier

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