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JESÚS, EL MÉDICO QUE SIEMPRE CURA

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SERVIR

En el mundo de las series hay unas temáticas que siempre son muy atractivas, por ejemplo, las series de abogados y también las series sobre médicos en hospitales. Y así tenemos la famosa serie ER o algunas más recientes como New Amsterdam.

A pesar de que no todos los temas que se tratan allí sean lo más convenientes o compatibles con nuestra fe; en esta última serie que estaba revisando hace poco, New Amsterdam, ponían el acento en que los médicos están para servir. De hecho, el médico, el protagonista tiene esa idea.

Incluso empieza la serie de esta manera (como de eso no hay spoilers), despidiendo a todo el departamento de cardiología, porque al revisar los archivos, ve que solamente se dedican a hacer operaciones para cobrar más dinero; cuando podrían haberlo evitado y darles una mejor solución a los pacientes.

Así lo vemos a este protagonista, a este médico, que es el jefe del hospital que quiere servir. Siempre cuando alguien le pide algo, a pesar de que está con mil cosas en la cabeza, le dice: ¿en qué puedo servirte?

AYUDAR AL NECESITADO

Y es lo que le sucede en un capítulo, cuando llega al hospital -él suele aprovechar en la mañana para hacer deporte- y entonces llega temprano, se cambia y ya está listo.

Antes de entrar al hospital, ve que hay una mujer que está en la calle, que pide limosna, pero que tiene una herida en el pie, y él inmediatamente como médico, se da cuenta que esa herida es muy mala.

Por eso se detiene, le da una moneda y le dice: -Oye, esa herida que tienes allí está muy mal. Yo soy médico, si quieres te puedo ayudar. Pero esta mujer se niega. Y así empieza toda una historia de este episodio de esta serie.

Me acordaba de esta serie justamente al leer el Evangelio de la misa de hoy. En el cual nos dice san Lucas, evangelista:

Un sábado, el Señor entró a comer en casa de uno de los principales fariseos y ellos le estaban observando. Y resultó que delante de él había un hombre hidrópico. Y tomando la palabra, les dijo Jesús a los doctores de la ley y a los fariseos -que estaban allí sentados- : -¿Es lícito curar en sábado o no?”

(Lc 14, 1-3).

EL SEÑOR CURA

Esta escena, tú y yo, la hemos contemplado en otras oportunidades, en distintos momentos de la vida del Señor, cuando Jesús cura. Y en otras ocasiones, lo ponen a prueba, el Señor solamente cura. Y luego le llaman la atención a Él o a la persona que ha recibido la curación.

Por tanto, El Señor ya los conoce. Podríamos decir qué es una escena preparada. Es decir, los fariseos invitan a Jesús y le tienden una trampa, lo ponen delante de aquel hombre hidrópico.

La hidropesía es una enfermedad caracterizada por la producción de una gran cantidad de líquidos generalmente en el vientre, por tanto, era una dolencia. Y según la creencia del momento -según la concepción que tenían-, era contraída a causa de algún pecado.

Si ellos veían a una persona con una enfermedad, pensaban: éste o sus padres han pecado…De hecho, al Señor se lo preguntan sus apóstoles, cuando ven a aquel ciego de nacimiento, le dicen:

“Señor, ¿quién ha pecado: éste o sus padres, para que haya nacido así?”

(Jn 9, 2).

Para ti y para mí, personas del siglo XXI, nos suena esto a un pensamiento totalmente equivocado. Seguramente hay un motivo científico para decir porque esa persona era hidrópica y por qué era ciego de nacimiento. No necesariamente por un castigo divino.

MISIÓN DE JESÚS

El punto es que los fariseos le tienden una trampa, porque saben que Jesús es el médico que siempre está para servir, se presta para curar. Entonces el Señor les dice:

“ ¿Es lícito curar en sábado o no?”

(Lc 14, 3).

Lo cual revela cuál es la misión de Jesús frente a los hombres, lo mismo que un médico, un médico siempre busca atender, siempre busca curar.

Por eso nos llama la atención que los Estados, los gobiernos, a veces, impongan algunas políticas y leyes injustas como el aborto. Además, obligan a los médicos a que practiquen el aborto. Los médicos están para curar.

En cambio, el Señor les hace ver que son unos hipócritas -a fin de cuentas-. Porque están preocupados, le han tendido una trampa para ver si cura o no cura en día sábado; cuando ellos están dispuestos, en un día sábado, a salvar a su hijo si se caen en un pozo o a desatan al buey para que vaya a tomar agua o a comer.

Y ¿cómo Él no va a curar? ¿Cómo el Señor no va a curar? Es justamente la muestra, el ejemplo, el contraste entre dos actitudes: la de Jesús que ha venido a curar, a cargar con nuestras dolencias…

JESÚS TOMA NUESTROS PECADOS

Hay un Salmo muy bonito, que los Sacerdotes recitamos en la Liturgia de las Horas; no es un Salmo, es del libro de Isaías, dice que:

“Tú has tomado nuestros pecados y te los has puesto a la espalda.”

(Is 38, 17).

Los has cargado en tu espalda… Y es así lo que ha hecho el Señor: ha cargado esa cruz, ha tomado nuestros pecados para que tú y yo podamos ser salvados.

En cambio, la actitud de los fariseos es una actitud de fanáticos y el fanatismo es nocivo. El Papa Francisco hace unos meses, justamente, nos decía que el único fanatismo que se puede permitir es el fanatismo del amor.

“Y es lo que nuestro mundo necesita Señor: amar.” Amar con el sentido verdadero de la palabra, no un sentimiento -que no es malo-, pero que a veces puede ser pasajero. Sino de esa donación, ese preocuparme por el otro.

AMAR DE VERDAD

Piensa si tú eres ese fanático del amor. Sí sabes amar de verdad a las personas que tienes a tu alrededor: Dios en primer lugar, sobre todo las cosas. No porque se vaya a contraponer a los demás, a tu familia, a las personas a quien amas, no.

El amor a Dios no es así, más bien al contrario, cuando amamos a Dios somos capaces de amar más y mejor a las personas que tenemos a nuestro alrededor, con amor limpio.

Mira, también, cómo amas a tu familia. Si estás dispuesto a hacer sacrificios, lo que te piden tus padres, tus hermanos, hermanas, o tu esposa, tus hijos.

Si amas también a tus amigos, en ese amor de benevolencia. Si estamos dispuestos a complicarnos la vida por hacer ese favor a ese amigo que nos pide algo, un poco de tiempo, que le expliquemos algo…

BUSCAR EL VERDADERO FANATISMO

Y, a veces, será tiempo lo que necesita la gente. El tiempo implica atención, implica gastar tiempo, pasar tiempo con los demás para hacer cosas buenas: a veces será un consejo, a veces será un rato de deporte, a veces ir a misa juntos (¡qué bonito esto!). ¡Cuánto bien podemos hacer tú y yo! Ese es el verdadero fanatismo.

También sabiendo respetar a otras personas que piensan distinto a nosotros; que a lo mejor no profesan nuestra misma fe. Saber respetarlos, saber comprenderlos, incluso aunque alguien puede estar el error.

Pedir a Dios para que les ayude a ver la luz y abrazar la plenitud de la verdad; que tú y yo, por fortuna, tenemos en la Iglesia Católica, que es nuestra madre, la Iglesia de Cristo, que Cristo ha fundado.

Vamos a pedirle al Señor que, en primer lugar, tengamos esa humildad para dejarnos curar; y para que también, tú y yo, sepamos llevar a muchas almas -como apóstoles que somos- que tienen necesidad de ser curadas por Cristo y no importa el día.

Y ahí también está el apostolado de la confesión, que seguramente tú has experimentado. Anima a muchos amigos tuyos o en tu familia a que se confiesen, que vayan a misa, que estén cerca de Dios, cerca de Jesucristo.

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