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EXPULSAR DEMONIOS

expulsar los demonios, rezar

NUESTRO APOSTOLADO

“Jesús dijo a sus apóstoles: “Por el camino proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. (Y luego les da una serie de indicaciones) Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos y expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente”

(Mt 10, 7-8).

El Señor, en el Evangelio que nos propone la Iglesia el día de hoy, habla de cómo tiene que ser nuestro apóstolado: proclamar que el Reino de los Cielos está cerca.

Señor, nosotros también nos damos hoy cuenta que nos pides a cada uno que vivamos esta misión, que nos dirijamos a todos para decir que el Reino está cerca. Para eso estamos aquí, para eso nos ha llamado el Señor, para que seamos testigos de que el Reino está cerca de que es importante convertirse.

Igual que Juan el Bautista hablaba a la gente que estaba en esa Palestina, que estaban esperando al Señor pero no sabían cuándo iba a llegar. Él ya les dice está aquí, está a punto de llegar;  a esa gente les habrá conmovido el corazón porque todos estaban como a la espera, ya es  inminente.

MISIÓN APOSTÓLICA

En cambio nosotros podemos decir que el Señor ya está aquí, que el Señor ya vino, que es Jesucristo que se encuentra en la eucaristía, en los evangelios, en el rostro de los que sufren. Que nos ha enseñado tantas cosas.

Pero si te das cuenta, Jesucristo en esa misión apostólica (eso que les dice a los apóstoles), les manda concretamente a curar a los enfermos, a resucitar a los muertos, a purificar a los leprosos, a expulsar a los demonios.

Son cuatro acciones muy fuertes y que nos darían una suerte de poder de taumaturgo (que es el que puede hacer toda esta serie de milagros). Yo creo que ahora mismo nadie piensa que puede hacer todos estos milagros directamente; de curar a los enfermos con sus manos o de hacer estos cuatro signos tan grandes.

Pero en realidad sí que podemos hacer. A través de nuestra amistad, efectivamente podemos acercar la gente a Dios, con nuestra preocupación  sincera. Porque una de las manifestaciones más nobles y que nos asemejan más a Dios es justamente nuestra capacidad de amistad con los demás, incluido amistad con Dios.

No solo es algo necesario para relacionarse y buscar entenderse bien con los demás, es algo querido por Dios. Porque Él mismo, Jesucristo, y nuestra Madre, tuvieron amigos con lo cual ¿cómo vamos a hacer nosotros esto de curar a los enfermos, resucitar a los muertos, purificar a los leprosos, expulsar a los demonios?

SER BUEN AMIGO

A través de nuestra amistad, a través de una amistad sacrificada que acompaña a la gente a pasar por sus enfermedades y que inclusive espera del que ya parece que ha muerto. Ha muerto a la gracia, incluso a las cosas más valiosas. Y sin embargo, el buen amigo espera a que esa persona resucite. Qué puede purificar a los leprosos, a los que han hecho las cosas mal, que pueden expulsar incluso demonios. No porque hagamos un conjuro que expulse las cosas pero que vamos a la gente que tenemos a nuestro alrededor y les acompañamos para que recuperen su buen sentido. A veces son temporadas largas que hay que esperar a que la gente cambie.

A veces son cosas que no es simplemente con el chasquido de los dedos que suceden sino que más bien hay que esperar, rezar y estar atentos. Es acompañar en esos procesos. Eso es lo que hace la buena amistad, eso es lo que conseguimos nosotros cuando nos esforzamos por ser mejores amigos de nuestros amigos.

Los hombres, al relacionarnos, damos gloria a Dios porque nos parecemos más a Él. Y siempre que nuestra forma de relacionarnos sea adecuada, sea noble, le hacemos presente en nuestras relaciones. Porque si miramos las distintas formas de relación entre las personas, encontramos que la más grande y la más digna del ser humano respecto a los demás y también respecto a Dios es la que nos ofreció Jesús al final de su vida.

SER MÁS AMIGOS DE JESÚS

Qué es lo que dijo: “Yo no los llamo siervos sino amigos” Y la amistad es lo más grande y más bonito que se puede ofrecer. Señor Jesús, yo quiero ser realmente tu amigo y un amigo no se avergüenza de su amistad, al contrario, está alegre y siempre intenta presentarlos a los demás. Por eso la mejor forma que tendremos de ser amigos de nuestros amigos es llevarles a nuestro súper amigo; y nuestro súper amigo es Jesús.

Y no es eso instrumentalizar la amistad, no es que siempre estemos hablando acerca de Jesús a toda la gente que se nos acerca pero sí que vamos a intentar llevar ese calor de Cristo a los demás. Y para eso lo primero será ser muy amigos de Jesús.

¿Cómo podríamos ser cada vez más amigos de Jesús? Viviendo las virtudes, esforzándonos por tener un plan de vida, intentando dedicarle tiempo a través de la oración. Estos 10 minutos con Jesús, por ejemplo, son una manifestación concreta de nuestro amor por Cristo.

¿Por qué? Porque cada vez que escuchamos estas meditaciones nos llevan a reflexionar sobre algún aspecto de nuestra vida. Ojalá no se quede solo en escucharlas sino que aproveches para hablar con Él ¿Y cómo hablas con Él? Bueno coges algo de lo que hemos dicho y dices: “Señor, eso sí me pasa, yo quisiera mejorar” o escuchas algo y dices: “Señor, esto también te lo digo yo…”

Y de esa forma aprovechas de estos audios para rezar que esa es la finalidad que tienen en realidad. Hay que aprender a ser mejores amigos de Cristo. La mejor forma de hacerlo es dedicándole tiempo y estos 10 minutos con Jesús buscan eso, que te hagas más amigo de Cristo.

VOLVER A CRISTO

Y es que solamente llegaremos a ser más amigos de Cristo si nos esforzamos por entenderle, por escucharle, por dedicarle tiempo. Solamente así tendremos ese valor suficiente para seguir este mandato de que vayamos por el camino y proclamemos el Reino de los Cielos que ya está cerca.

Y como digo, vamos a curar a los enfermos, resucitar a los muertos, purificar a los leprosos ¿Cómo tenemos que luchar esto en nuestras vidas? Con una lucha alegre, amable, sabiendo que nunca vamos a vencer siempre, que algunas ocasiones no lo haremos pero que siempre tenemos que tener ese buen ojo para volver a Cristo.

Qué ventaja tenemos siempre con la confesión. Podemos confesarnos cada vez que cometemos un error. Qué ventaja tenemos con la dirección espiritual que podemos pedir guía. Qué ventaja tenemos siempre con todas las manifestaciones de cariño a Dios que nos calientan el corazón para volver una y otra vez a Dios.

Escuché el otro día una anécdota que me pareció interesante porque es la manera que tenemos muchas veces de mandar mensajes, de actuar con prudencia. Cuentan que el famoso músico español Isaac Albéniz se había casado muy joven y en un momento de su vida se encontraba en París cuando él envió a su mujer, que estaba en España, un telegrama súper breve que decía: “ven pronto, estoy gravísimo”.

Al recibir la noticia y ponerse en camino, la mujer todo fue uno. Cuando la mujer llegó a la estación de París se encontró con su marido que estaba súper bien de salud y de felicidad, fumándose un buen puro. Del susto pasó al enfado; la señora, diciéndole: “¿pero no estabas tu enfermo, no decías que estabas gravísimo? Sí, contestó el músico ¡gravísimo! porque estaba empezando a enamorarme.

PROCLAMAR EL REINO DE LOS CIELOS

Sí, este hombre se dio cuenta que se estaba enamorando de otra persona y le llama a la mujer para que venga, para que le ayude, porque si está cerca de ella va a poner los ojos solo en ella. Es una forma interesantísima de cómo tenemos que ser sinceros y cómo tenemos que hacer las cosas y cómo tenemos que hacer este mismo apostolado.

Primero, salvando nuestra propia vida interior. Porque si vemos que las cosas no están bien, tenemos que pedir ayuda. Y como este Isaac Albéniz le escribe a la esposa para que le ayude, de la misma forma nosotros podemos también acudir al que haga falta para que nos ayude.

A salir de un posible vicio que se nos está metiendo, para hacer las cosas mejor, para intentar no caer en algo que vemos que nos está atrayendo cada vez más. No solo en el campo sexual, sino también en el afectivo y también en el de todas las virtudes. Cuando se nos mete algún odio, alguna revancha, deseo de venganza. Cuando también se nos está metiendo una mala idea de castigar a alguien más.

Hay cantidad de cosas que tenemos que estar atentos a que no se metan en nuestros corazones. El Señor nos manda a proclamar el Reino de los Cielos y para eso tenemos que estar bien nosotros.

A curar a los enfermos, a resucitar a los muertos, a purificar a los leprosos, a expulsar los demonios. Lo podremos hacer si nos hacemos más amigos de Jesús.

Vamos a pedirle esta gracia a nuestra Madre, la Santísima Virgen María. Ella seguro que nos consigue ser cada vez mejores amigos de Jesús.

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