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DE ESCRIBAS Y PESCADORES 

Celibato. DE ESCRIBAS Y PESCADORES

ARMONÍA Y TRABAJO EN EQUIPO

Hace unos días, mientras estaba de paso por Guayaquil en Ecuador, tuve la oportunidad de presenciar una escena marítima muy particular, que al menos yo nunca había presenciado.

Un grupo grande de pescadores, más o menos veinte, tiraban de una red inmensa. Lo hacían de una forma muy bonita porque era como un baile. Estaban perfectamente sincronizados.

Como era una red tan grande, se ataron una cuerda, cada uno a su cintura, e iban caminando hacia atrás, como al ritmo de las olas para no romper la red,  porque era una red inmensa y que estaba arrastrando una cantidad muy grande de pescados.

Probablemente ese proceso duró mucho tiempo. Yo diría que más o menos dos horas y media. Y al final, después de un esfuerzo colosal, grandísimo, llegaron un montón de peces a la orilla.

Y cuando llegaron todos esos peces, se abalanzó mucha gente sobre los animales. Las personas que habían pescado, que habían participado de la faena, pero también curiosos como yo, o personas que venían a aprovecharse de lo que habían traído los pescadores.

¿VALIOSO O NO?

Y claro, el primer paso, el primer gesto, era valorar al pez. Valorar al pescado y mirar si era un pez de valor o un pez que no valía mucho la pena. Era la primera decisión que había que tomar.

¿Este pez es valioso o no?… Y en función de eso lo iban poniendo en una cubeta, en otra, o incluso algunos los tiraban a la playa donde llegaban las aves a aprovecharse también, para alimentarse de lo que sobraba, de esa discriminación de pescados que hacían estas personas ahí en las playas cercanas a Guayaquil.

Y justamente esta imagen de la pesca es la que el Señor, la que Tú, Jesús, utilizas en el Evangelio de hoy.

En el capítulo 13 de san Mateo, Jesús nos dice que

«El Reino de los Cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces, y cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran»

(Mt 13, 47-48).

Justamente la escena que yo tuve la oportunidad de presenciar. Es bonito ver cómo, el arte de la pesca mantiene lo esencial, aún a veinte siglos de distancia en el tiempo.

Continúa Jesús:

«Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno del fuego.

Allí será el llanto y el rechinar de dientes»

(Mt 13, 49-50).

Esto es una imagen que todos conocemos. Jesús nos deja muy claro que al final de los tiempos nuestra vida va a ser juzgada con una mirada profunda.

LA DECISIÓN MÁS IMPORTANTE

Porque claro, una cosa que llamaba la atención en este episodio que narré al principio es, que las personas que cogían el pez en la mano, prácticamente lo descartan o lo elegían en las primeras de cambio, tomaba un par de segundos decir sí o no…

Sí o no era una decisión velocisima… porque rápidamente estas personas que tienen ya la experiencia, se dan cuenta de si un pez es valioso o no.

Los ángeles también tienen esa capacidad. El Señor dice claramente aquí, que serán los ángeles los que tendrán esa función. Los ángeles conocen nuestro corazón y ahí no van a valer excusas: —No, es que no tenía tiempo,… —No, es que no era capaz,… —No, es que me quedaba grande,… —No, es que no,…

En ese momento, en el momento definitivo de nuestra vida, el único momento realmente que importa, la decisión de si seremos o no salvados en ese momento, ya no habrá peros que valgan, excusas que valgan…

Porque el Señor conoce nuestro corazón y los ángeles tienen esa capacidad también de darse cuenta de si esta persona tiene el corazón digno de ser integrado al número de los santos o no. Esa es la gran decisión que se tomará alrededor de nuestra vida: o el cielo o el infierno.

Y todos, Señor, somos conscientes de esto. Sin embargo, a veces en nuestro día a día se nos puede olvidar porque lo vemos un poco lejano.

EL TESORO ESCONDIDO

Sin embargo, me parece que es importante, como siempre llegar hasta el final del Evangelio. Porque la Iglesia, cuando nos presenta el Evangelio de la Misa, no lo hace de forma casual o al azar.

Y en este caso la Iglesia nos presenta hasta unas palabras concretas de Jesús que son las siguientes:

«Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo»

<(Mt 13, 52).

Esto ya es un poco más llamativo porque en el mismo Evangelio tenemos a Jesús que utiliza la imagen de la pesca, pero también la imagen del escriba. En este caso, el escriba como un hombre sabio, un hombre que conoce la Palabra de Dios, que se ha hecho discípulo del reino de los cielos.

Y dice Jesús,

«Como padre de familia, va sacando de su tesoro lo que su familia necesita en cada momento, lo que su corazón necesita en cada momento»

(cf. Mt 13,52).

Por lo tanto, vemos que aquí hay una pista interesante. Jesús nos dice: Los ángeles van a elegir: peces buenos y peces no tan buenos. Y van a discriminar, van a distinguir.

Pero luego, el Señor nos dice esto, que estamos llamados a ser como un padre de familia que saca lo nuevo y lo antiguo. Y, ¿cómo podemos juntar estas dos imágenes?

Me parece que el Señor nos está diciendo que precisamente, uno de los criterios que van a utilizar los ángeles para ver el valor de nuestra vida, para ver el peso de nuestra vida, es si hemos sabido comportarnos como este padre de familia.

Es decir, si hemos sabido integrar y asimilar en nuestra vida la Palabra de Dios, para de ahí sacar lo nuevo y lo antiguo, para de ahí, identificar la voluntad de Dios en cada momento.

SEÑOR, AQUÍ ESTÁ LA RESPUESTA…

Y es muy bonito ver la vida de los santos. Por ejemplo, pienso en la vida de san Josemaría Escrivá, que recibió muchas luces de Dios precisamente a partir de las cosas que él mismo había leído en la Sagrada Escritura.

San Josemaría tenía intuiciones, preguntas, tenía dudas, inquietudes y se las manifestaba el Señor de alguna forma y muchísimas veces en su vida.

El Señor le contestó esas preguntas con frases de la Escritura, que a san Josemaría se le venían a la cabeza y decía: —Esto es, esto es lo que yo le estaba preguntando al Señor. Aquí está la respuesta.

Porque era una persona como la que Jesús describe aquí. Una persona que conoce la Palabra, que conoce el tesoro del Reino y sabe sacar lo nuevo y lo antiguo de eso que ya posee, de eso que ya está sembrado en su corazón.

Dios saca la respuesta para las inquietudes que san Josemaría tenía, y eso es lo que han hecho todos los santos: Se han hecho evangelio, los santos se han hecho evangelio a fuerza de conocerlo, a fuerza de asimilarlo, a fuerza de vivirlo.

Y esa es nuestra tarea. Esa es la gran pregunta de nuestra vida. A lo mejor yo soy evangelio, yo soy buena noticia, yo soy anuncio de Jesucristo,  porque eso es lo que los ángeles verán.

REFLEJAR LA VIDA DE CRISTO

El ángel verá un pez y dirá: Este pez es evangelio, este pez no es evangelio. Y tomarán la decisión según lo que vean en ese pez. Este pez es evangelio porque anunció a Cristo y porque su vida refleja la vida de Cristo. Este pez no.

Es que al final de cuentas, quienes van al Cielo, no son los superhéroes, no son los que han hecho todo bien, ni los que nunca se equivocaron, sino los que dejaron que en su vida se aplicaran los méritos de Cristo.

No entramos al Cielo por nuestros méritos, entramos al Cielo por los méritos de Cristo. Y esa es nuestra tarea. Ser como ese Padre de familia, que de ese tesoro que es Jesucristo, sacamos lo nuevo y lo antiguo para alimentar nuestro corazón.

Un ejemplo clarísimo de esto es el Magnificat. Uno mira el Magnificat, el canto de María Santísima durante la Visitación a Santa Isabel. ¿Y qué es eso? Sacar de lo nuevo, sacar de lo antiguo: sacar del Antiguo Testamento lo nuevo.

El Magnificat está lleno de frases del Antiguo Testamento, pero María les da un sentido nuevo porque se ha encontrado con el Mesías, porque el Señor ha venido directamente a su cuerpo, venido directamente a su alma.

Dejamos esto en manos de María Santísima, para que ella nos dé esa novedad de corazón, que sepa entender la voluntad de Dios y de esa forma podamos llegar al Cielo, que es la meta de nuestra vida.

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