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CÓMO CARGA JESÚS CON LA CRUZ

Cruz

la cruz

Hoy es viernes Santo. Un día solemne, un día importante.

Te pido, Jesús, que me ayudes a vivir muy cerca de Ti este viernes Santo, que mire lo que sucedió hace dos mil años. Un hecho pasado, pero que implica mi vida, que tiene que ver conmigo, porque mis pecados son la causa de la Pasión.

Los pecados de cada uno de los seres humanos que han vivido en esta tierra, mis pecados son causa de la Pasión. Y Tú Señor al morir en la cruz das la gracia, me das la gracia, si yo la quiero recibir; me das la gracia para borrar el pecado, para unir mi vida, a Dios. Porque sin Dios estamos perdidos, pero contigo, Señor, no hay ningún problema.

Como Tú has muerto por nosotros en la Cruz, pues, hemos de estar siempre muy alegres, con esperanza. Por eso es bien importante darnos cuenta de lo que hiciste por nosotros y como eso tiene consecuencias en nuestra vida.
Pensar, meditar, recordar, leer, mirar imágenes de Jesús con la cruz, cuando es condenado a muerte, Jesús que recibe la Cruz, cuando la carga, camina esos pasos hacia el calvario; Jesús que se acuesta sobre la cruz, que es clavado en ella y levantado en lo alto.

Son imágenes que son oración, si las pensamos, si las meditamos en tus palabras, en tus gestos, en el significado que tiene, en el bien que nos reporta.

Yo quiero, Señor, entender y estar cerca de Ti. Acompañarte, consolarte, que sepas que no estás solo, que puedes contar conmigo.

Vemos cómo es posible que (es un gran misterio), Tú como hombre, en Tu humanidad, Señor, sufriste tremendamente; sufriste lo que no nos podemos imaginar.

LA ORACIÓN

Nosotros en nuestra vida nos toca sufrir. Y ver cómo Tú enfrentas ese sufrimiento, nos puede ayudar también a nosotros a enfrentar nuestras enfermedades, nuestros sufrimientos, las pruebas que podemos tener y así unirnos mucho a Ti. Por eso queremos ver, un poquito, cómo enfrentas Tú la Cruz.

Lo primero que vemos es que, antes de ser condenado a muerte pasaste toda la noche en oración, en Getsemaní, en el Huerto de los Olivos haces oración. Tenemos algunos pasajes, algunos fragmentos, tus palabras…

¿Qué es lo que haces en esa oración? Pues, cargas con todo el pecado del mundo, ahí están mis pecados. Gracias, Señor por asumirlos y por borrarlos, por cancelarlos con tu sangre.

Hablas con Tu Padre. Tú, eres consciente, en ese momento especialmente, de tu misión. De la de la salvación que nos darás, del bien que hay detrás de esa prueba. En tu oración, humanamente entiendes mejor, podemos pensar que en esa oración, le preguntas a tu Padre: ¿Es posible que pase de mí este cáliz? Pero entiendes que es el camino. Que Él lo quiere, Tú eliges cargar con la cruz, pero dialogas con Él.

Sabes que vendrá un momento muy difícil, cuando cargues con la Cruz. Pero tú ya estás eligiendo, en ese momento, seguir adelante. Así nos enseñas que cuando hacemos oración y elegimos hacer la voluntad de Dios, le pedimos a Dios que nos dé la fuerza para superar las tentaciones.

Estamos asegurando el camino, para cuando vengan las tentaciones, para cuando venga la dificultad: el haber ya elegido el estar cerca de Ti. Aunque, a veces, podemos caer y podemos alejarnos de Ti, te pedimos perdón y volvemos a la lucha.
Pero sabiendo que, si hacemos oración, si somos personas que se habitúan a hacer oración, será más sencillo el permanecer en el buen camino.

JESÚS NOS ENSEÑA A CARGAR LA CRUZ

Por eso, Tú mismo le dices a tus apóstoles en ese momento, cuando los encuentras dormidos:

“-Velen y oren para no caer en la tentación; porque el espíritu está pronto, pero la carne es débil.”

(Mt 26, 41).

Nos adviertes que es importante la oración y ahora estamos haciendo oración en estos 10 minutos, platicando contigo; mirando Tu pasión. Mirando cómo enfrentas, ese momento con oración, enseñándonos a hacer oración, animándonos a hacer oración.

Después vienen los soldados, ese tropel de gente con antorchas, cadenas, palos, cuerdas… Vienen a apresarte y tú les manifiestas tu poder… Me gusta mucho ese detalle que recoge san Juan cuando Tú les preguntas:

«- ¿A quién buscan? – A Jesús Nazareno. -Le respondieron. Jesús les contestó: Yo soy.»

(Jn 18, 4-5),

y todo mundo cae en tierra, como manifestando que Tú tienes el poder y que si ellos te van a apresar es porque tú les estás dando permiso; estás dando esa oportunidad, porque si no, no podrían. Te estás entregando libremente a Tu pasión.

En esa pasión, eres juzgado, amarrado, eres azotado, golpeado, coronado de espinas, humillado y Tú, callas. Callas exteriormente, pero interiormente hablas con tu Padre. Constantemente le estarías diciendo cosas, te estarías ofreciendo a Él en expiación por nuestros pecados.

El Padre estaría recibiendo ese ofrecimiento tuyo con mucha alegría, con dolor, por supuesto, pero con la alegría de que se estaba efectuando nuestra redención.

Cuando estás en la Cruz es evidente que continúa ese diálogo; tanto, que lo exteriorizas y dices:

“-Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen…”

(Lc 23, 24).

Y estuviste colgado en la Cruz horas, se prolonga el sufrimiento.

Dice San Josemaría en uno de los puntos de meditación del Viacrucis:

“(…) un suplicio lento y despiadado. Jesús no encontrará la muerte en un abrir y cerrar de ojos… Le he dado un tiempo para que el dolor y el amor se sigan identificando con la Voluntad amabilísima del Padre.”

 

SER OBEDIENTES

Efectivamente, desde el principio, Tú Señor, nos muestras que el camino es la obediencia, hacer la voluntad de Dios. Porque el primer pecado, efectivamente, fue de desobediencia.

Que sencillo es entenderlo, pero a veces nos cuesta mucho obedecer. Y qué bonito es saber que si obedecemos a quien tenemos que obedecer, nos estamos santificando, si estamos procurando imitarte a Ti, Señor.

Ayúdanos a saber obedecer, a darnos cuenta de que es un modo también de ser libres. Al final, ya cuando estás en la Cruz, vuelves a hablar con tu Padre:

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.”

(Lc 23,46)

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu… Tus últimas palabras, todo está consumado. Manifestando pues, que vienes aquí a obedecer; que vienes aquí a hacer su voluntad y La Virgen está ahí junto a la Cruz.

Madre Nuestra, tú estás ahí sufriendo muchísimo, pero también con mucha libertad y con mucha alegría en el fondo, de que se está realizando nuestra redención y que llegaremos por esa sangre de Cristo derramada en la Cruz a ser hijos de Dios. Y que se nos abren las puertas del Cielo para tener la esperanza real de mirar a Jesús en el Cielo; de estar también contigo, Madre Nuestra.

Ayúdanos, Madre Nuestra, estar junto a Jesús en la Cruz. Y también saber enfrentar, como Él lo hizo, las pruebas, los sufrimientos, las enfermedades que puedan aparecer en nuestra vida. También saber comunicar esa serenidad y esa alegría a la gente con la que convivimos.

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