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P. Josemaría

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AFIRMACIÓN GOZOSA

Para llegar al corazón de aquella que amas, hace falta tener los ojos limpios; como quien mira las estrellas en una noche despejada.

El Evangelio de hoy nos puede ayudar a meditar en la virtud de la santa pureza y el modo en que estamos comprometidos a vivirla: la pureza.

Y cuando escuchamos la palabra pureza, muchas veces nos viene a la cabeza lo que nos dice la mercadotecnia: cuando algo es puro, y se dice por ejemplo de un tequila que es cien por ciento de agave, es que no tiene añadidos. Del agua pura, por ejemplo, es que no tiene colorantes, conservantes ni nada de nada. Es simple pura agua. Se dice que es oro puro o plata pura porque es cien por ciento aquel metal.

Es decir, que cuando algo es puro deja ver toda su belleza. Y eso es siempre lo que nos remite la virtud de la santa pureza. Es una virtud que refleja la belleza de tu alma. Es una virtud que pone de manifiesto la belleza de tu interior y por eso está íntimamente relacionada con el amor y, por tanto, con algo que es grande y maravilloso.

AFIRMACIÓN GOZOSA

De hecho, muchos santos, entre ellos san Josemaría, cuando hablan de esta virtud, se refieren a ella como una afirmación gozosa, como algo positivo, porque lleva a esa limpieza de corazón, a quitar todo lo que estorba en mi vida como un diamante. Originalmente un diamante no no está en su esencia brillante, pero le quitas todo lo que le sobra, toda opacidad para que brille auténticamente.

Igual que tu corazón, que pueda reflejar toda la belleza que hay en tu interior. En el fondo, para reflejar lo que realmente somos. Y es que somos Imagen hijos de Dios. Imagen de Dios para reflejar a Dios.

Y por eso los limpios de corazón verán a Dios y ven a Dios. Y es lo que tú, Jesús, nos dices en el Evangelio, en ese pasaje maravilloso de las bienaventuranzas. Una de ellas es ésta: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque verán a Dios”.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque pueden reflejar la belleza de Dios en su mirada. “Pues Jesús, te pedimos que empapes esta enseñanza en nuestras almas, que la vivamos, que la sepamos paladear, porque a veces nuestro paladar está como agrietado”.

LOS EXCESOS NO DEJAN PERCIBIR BIEN

Ahora que estamos en medio de la pandemia, y uno de los síntomas de esta enfermedad del COVID es que no te sabe la comida a nada, que pierdes esa capacidad de saborear las cosas.

Esto me recuerda una labor social que hicimos en la montaña de Guerrero. Y fue antes de irnos, que el encargado de la labor recibió una muy buena donación de latas de atún. Se le hizo fácil pensar: pues ya tenemos para comer. ¡Lo que no contó fue que al segundo y tercer día la gente ya estaba hasta la coronilla de tanto atún! Y la gente recibia de desayuno, comida y cena atún. Ya no lo soportabamos.

Entonces este chico fue muy creativo, en vez de ir a comprar otra cosa, porque todavía quedaban muchas latas de atún, le dijo la cocinera: -Pues a ver cómo lo disfrazas, porque es lo que hay. -No se preocupe, Nemesio (se llamaba así el encargado. ¡No se preocupe don N, voy a hacer unos taquitos dorados que van a van a parecer de pollo! Y efectivamente, como es la costumbre aquí cuando ya están fritos con aceite, pues piensas que son de pollo.

Y así la gente, cuando llegó a la cena gritó: ¡Tacos de pollo! (y eran de atún). Lo curioso es que todo el mundo se los comió fascinados. Hasta que uno de pronto dijo: -Pues yo no sé qué me pasó, pero yo creo que ya se me echó a perder el paladar, ¡porque a mí ya todo me sabe atún!

DISFRUTAR DE LO BUENO

AFIRMACIÓN GOZOSA

Bueno, pues es lo que pasa cuando no sabemos disfrutar del afecto ordenado del corazón. Todo nos sabe a lo mismo. Dejamos de diferenciar las cosas porque nos botamos, porque nos hundimos en las cosas baratas. En lo de siempre. “Desgraciados vosotros, los que intentáis ser limpios de corazón”. Pues no, ¿verdad? ¡Eso no dice nunca Jesús! Al contrario, nos dice: “Yo quiero que disfrutes de las cosas buenas. Yo quiero que sepas paladear lo amoroso que es mi Padre”. Ya ves, aquí hay que reconocer al Señor. Tengo paladar de, no sé, de bebida azucarada, de disfrutar un buen vino.

Pues así nos pasa a veces con la pureza. No sé disfrutar la belleza de la vida. Y enséñame Jesús a mirar con buenos ojos, con un corazón redimido, porque Tú lo dijiste: “Bienaventurados, dichosos, suertudos los que saben vivir la virtud de la pureza, por que son muy felices aquí y muy felices allá”.

Porque la pureza es una afirmación gozosa, y por ser una virtud hemos de procurar crecer cada día en ella, a cuenta que las virtudes te ayuden a sentir bien en el afecto y por eso la pureza, igual que todas las virtudes, pues tiene que enfocarse a eso que te ayude a sentir cada vez más acorde con lo que eres.

HECHOS PARA AMAR

Y hemos de procurar entender, pues, que somos personas que estamos hechas para amar y que siempre, sobre todo en todas las virtudes. Pero en este terreno, de manera muy especial, estamos en el terreno del amor.

Hay gente que hace referencia a la virtud en general, y sobre todo de la pureza, como no sé, como si es así. Como si al vivirla se perdiera de algo. Y es todo lo contrario.

A veces me preguntan de manera muy simplona: -Oiga padre, ¿hasta dónde puedo llegar con mi novio o con mi novia sin que sea pecado? Y otros preguntan: -Padre, ¿y esto es pecado? ¿Puedo llegar a hacer esto? (…)

Es decir, cuando nos planteamos hasta dónde puedo llegar, hacemos un planteamiento totalmente equivocado.

Yo por eso siempre les digo: Puedes llegar hasta todo. O sea, es decir, a ver si lo logras como quien mira las estrellas, a ver si logras diferenciarlas, lograr admirarlas, lograr llegar al corazón de tu novia a través de su mirada y que no deje nunca de llamarte la atención la belleza de su mirada. Y que sean esos ojos como un cielo estrellado.

Y cuando hayas sabido llegar a todo, a toda la belleza interior de aquella persona con la que estás de novio, pues luego vendrá otra etapa. Otra etapa en la que también conocerás en todas sus facetas a esa persona cuando se funden en una sola persona en matrimonio.

ECOLOGÍA DE CORAZONES

Hoy en día que se le da muchísima importancia al tema de la ecología, a cuidar el planeta, a evitar todo lo que contamina; y nos ponen calcomanías de si circula todos los días, o no circula. Y la división para el reciclaje de basura: plásticos, cristal, cartón, papel. E incluso han desaparecido las bolsas de plástico. Bueno, pues si eso sucede con el exterior, con lo material, pues mucho más deberíamos hacer en el terreno espiritual.

Pues Jesús, te quiero pedir esa ecología de nuestros corazones, porque el corazón es el culpable de todo, y Tú nos lo dices en el Evangelio: “Lo que sale de la boca brota del corazón, es lo que hace impuro al hombre”.

Porque del corazón salen los pensamientos perversos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, etc., etc. Y es lo que vemos en el Evangelio de hoy. Como a raíz del adulterio de Herodes, de una falta de templanza en el vino y de una falta de pureza en el modo de bailar de aquella hija de Herodías, (a la que Herodes había tomado por esposa, que no era su esposa, sino de su hermano). Pues todo fue un cúmulo de cosas que terminó en lo que terminó: en el asesinato de Juan Bautista.

VIVIR CON GOZO

Pues, hay que ver la trascendencia que tiene el vivir esta virtud para aprender a vivir la vida feliz, la vida plena.

“Jesús, dame un corazón limpio, un corazón puro que me determine de verdad a vivir alegremente, así siempre comenzando y recomenzando, porque no es fácil. Señor, a veces soy frágil y me confundo y necesito entender por qué”.

Es bueno escuchar de la virtud de la pureza y leer, para que cada día tu entendimiento esté más claro y mueva con fuerza la voluntad. Porque no es una cosa sólo de brazo partido. Decir que no le voy a echar ganas. No. No es sólo echarle ganas, es saber entender qué me pasa, para poder enfocarme bien y vivir bien esta virtud.

Pues terminamos, como siempre, acudiendo a la Virgen con esta oración tan bonita: Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A ti celestial princesa, Virgen Sagrada María. Yo te ofrezco en este día: alma, vida y corazón. Mírame con compasión. No me dejes Madre mía.


Citas Utilizadas

Jr 26, 11-15. 24

Sal 68

Mt 14, 1-12

 

Reflexiones

Jesús, dame un corazón limpio, un corazón puro que me determine de verdad a vivir alegremente.

Predicado por:

P. Josemaría

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