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María Paola Bertel

Colombiana, Profesional en Negocios Internacionales y Especialista en Finanzas de la Universidad de Magdalena,trabajaen Investigación Social

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Cristo Vive Conmigo

“Señor auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la misma medida tu amor”.

La paz, antes que la felicidad, debería constituirse en la conquista más grande del hombre. Pienso, desde mi limitada visión de las cosas, que la paz exige un condicionamiento interior más elevado que cualquier otro estado en la vida. Ella, con su raíz profunda en el alma, no puede ser imitada o aparentada por medio de sonrisas, no hay disfraces para la paz.

Voy a contar algo que me ha costado asumir y que pocas personas conocen de mí. Es verdad, Cristo vive conmigo, descubrirlo ha sido toda una aventura, en la que a veces hay tristeza y desasosiego, pero nunca falta la esperanza; en todo momento la paz se convirtió para mi familia en el bien más anhelado. 

Cristo quiso venir a morar con nosotros, nos escogió aun conociendo todas nuestras debilidades, todas nuestras heridas, que son muchas, las mismas que quiere sanar por medio de Su Cruz. Sí, Cristo quiso venir a vivir con nosotros a través de la enfermedad de mi padre. Al principio, nos desesperamos e increpamos al mismo Dios, preguntándole por qué a nosotros, lo que fue todo un acto de soberbia. 

Han pasado casi 10 años desde que todo empezó. Por días sus dolores se vuelven insoportables, lo hemos visto llorar y quejarse, reconozco que muchas veces no lo hemos comprendido y también nos hemos desesperado; perdón mi Cristo, por las veces en que el amor no me alcanza para enjugar tus lágrimas, para calmar tu dolor.

El valor de las cosas que no nos agradan

De todo esto he aprendido que las situaciones desagradables tienen un valor especialísimo para la vida espiritual. La historia de tantos santos en nuestra Santa Iglesia es testimonio de ello. Por ejemplo, Santa Rosa de Lima ante su enfermedad repetía: Señor auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la misma medida tu amor”.

Ser cristianos significa que nuestro caminar no será todo el tiempo entre rosas, sino seguir la indicación del Señor: Si alguno quiere venir en pos de , niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame (Mt 16, 24). El amor es el medio por el cual el sufrimiento y el dolor se convierten en ofrendas agradables al Señor. 

El valor de las cosas que no nos agradan reside en que estas circunstancias tienen el potencial de configurarnos con la Cruz de Cristo. Para ello debemos aprender a ofrecerlo todo a Él, desde la mortificación más pequeña hasta el sufrimiento más insoportable.

Orar a través del sufrimiento

Solemos pensar que la oración se limita a la repetición armónica de palabras, pero la verdadera oración va más allá. El sufrimiento, dolor o la situación que te preocupa también puede ser transformada en una oración: la contemplación activa de la Cruz nos lleva a ello. 

La enfermedad propia o de un familiar cercano nos hace reconocer la fragilidad humana. Muchas de las oraciones en mi familia han estado encaminadas a suplicar por la sanación de mi papá, pero con el tiempo descubrimos que la paz interior era una necesidad más imperante, tanto para él como para nosotros; debido a que la paz interior nos ayuda a aceptar la voluntad de Dios en todo momento, sin importar por lo que estemos pasando. 

Así, querer cumplir los designios de Dios, implica en ciertas ocasiones renunciar a los deseos propios, por encarnar lo que Él quiere para nosotros, siendo conscientes que “en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman” (Rm 8, 28). Aunque el camino se torne oscuro, debemos confiar en todo momento en la Divina Providencia.   

La vida unida a la Cruz

Nunca será sencillo aprender a lidiar con la enfermedad. No obstante, el servicio se constituye en un aspecto fundamental para acompañar a nuestros seres queridos en sus sufrimientos; la cercanía y la disposición los harán sentirse importantes para nosotros.

La manera de percibir la enfermedad de mi padre cambió cuando empecé a ver reflejados en él, los sufrimientos de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo; ahora trato de poner un poco más de amor en cada acto de servicio, recordando en todo momento que es el mismo Cristo quien se hace presente en nuestro hogar.   

Todas las situaciones que nos suceden deben estar ordenadas a nuestra santificación, por más difíciles que estas nos parezcan, uniendo la vida a la Cruz. El camino a la santidad implica atravesar el Calvario como lo hizo Jesús. Recordemos que junto a Cristo las cargas se hacen llevaderas (cfr. Mt 11, 28-30), la paz que viene del mundo jamás podrá calmar nuestras ansias, solo la paz que nos da el Señor nos dará la fuerza necesaria para superar todas las pruebas. 

  

Te dejamos estas meditaciones para complementar:

  1. De la mano de Santa María, vamos a san Andrés y volteamos  a ver la Cruz como fuente de esperanza
  2. La Santa Cruz: locura del amor infinito de Dios por los hombres

Escrito por

María Paola Bertel

Colombiana, Profesional en Negocios Internacionales y Especialista en Finanzas de la Universidad de Magdalena,trabajaen Investigación Social

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  1. Isabel Williamson dice:

    Gracias por tu testimonio, me ha dado mucha luz para poder ayudar a una amiga y para mí.

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