Recursos para hacer Oración

Fundamental es tener fe, o por lo menos, pedirla. Para estar seguro de que Dios es quien me está hablando. Será conveniente luchar contra la sensación de aburrimiento o de pérdida de tiempo, es el tiempo mejor invertido! En este sentido y aunque la oración no es adiestramiento, vale la pena hacer algunas consideraciones que puedan ayudar a adquirir un cierto método, para que sepan qué hacer, hasta que Dios les vaya llevando.

Conexión buscar tener un recogimiento que nos introduzca en la intimidad con Dios, que nos permita desconectar para conectar. Por eso compensa  buscar lugares y momentos propicios para la oración. Aunque se puede orar en todo lugar, no todas las circunstancias facilitan el diálogo de la misma manera, ni expresan de igual modo los deseos sinceros de orar.
Para enseñar a “conectar”, puede ayudar la repetición serena de la breve oración introductoria hasta llenarnos de ella, degustándola palabra por palabra.

Diálogo, que es lo más importante de la oración. Además de escuchar las meditaciones es importante decir cosas. Una posibilidad es empezar por lo que llevo en el corazón y, cuando veo que me distraigo, pasar a un libro, a una oración vocal, etc. Puede ayudar tener un crucifijo cerca o un cuadro de la Virgen.

Ojo con la imaginación, que es maestra de los mundos virtuales. Muchas veces está sujeta, pero quizá no lo suficiente en la oración, donde, si no se controla, puede ser fuente de dispersión porque deseamos tenerla libre para ponerla en Dios. De ahí la necesidad de mortificar la imaginación: rechazar las acometidas que llevan a apagar el fuego y alentar las que ayudan a avivarlo.
Dice San Josemaría la mortificación es el puente levadizo, que nos facilita la entrada en el castillo de la oración.